Recomiendo un libro: "The New Urban Crisis" de Richard Florida.
Richard Florida es uno de los más prestigiosos expertos en crecimiento y desarrollo urbano del mundo. Alcanzó reconocimiento por sus obras que mostraban como la emergencia de una nueva "clase creativa" (artistas, programadores, creadores audiovisuales, puublicistas...) que retornaba a los centros de la ciudades, estaba cambiando el paisaje urbano y convirtiéndose en motor de innovación, diversisdad, tolerancia y crecimiento económico. Una defensa cerrada de la economía del conocimiento que le llevó a ser aplaudido por tecnócratas y liberales.
Casi 15 años después, Florida ha recuperado y profundizado en su análisis. Ahora ha puesto la mirada sobre los efectos adversos de esta concentración sin precedentes de talento, creatividad y conocimiento en los centros urbanos. Sus resultados interpelan a los "optimistas urbanos" y no solo cuestionan que el modelo sea deseable, sino incluso que sea sostenible.
En esa obra, la tesis central de Florida es que esta concentración de la economía del conocimiento lo es también de riqueza y actividad económica y esto está generando una desiguadad sin precedentes. Además, el proceso crea exclusión y segregación por cuanto provoca una escalada de precios, sobre todo de la vivienda, que expulsa a los menos favorecidos. Por otra parte, es un proceso que se retroalimenta, ofreciendo mejores oportunidades de todo tipo a los grupos sociales que ya se benefician de pertenecer al selecto club de la "clase creativa".
La otra cara es la profunda segregación espacial de la "clase de servicios" que se ve abocada a residir en barrios periféricos, mal comunicados, con peores servicios y equipamientos de todo tipo, nseguros, con escasas zonas verdes, etc. Unas condiciones que lastran la posibilidad de ascenso social de las personas que los habitan y que constituyen otro bucle de retroalimentación, en este caso negativa, hacia una cada vez mayor vulnerabilidad.
El autor ilustra y fundamenta sus tesis en una abrumadora evidencia estadística que describe la realidad de cientos de áreas metropolitanas de Estados Unidos, pero también de Europa y Asia. Datos que reflejan la concentración y escalada de precios de la propiedad inmibiliaria, la segregación de los pobres y los ricos en zonas separadas y la desaparición tanto de los barrios de clase obrera tradicional como de las oportunidades de progreso social. También expone la distancia cada vez mayor entre ciudades "ganadoras" y "perdedoras" en el proceso de globalización y la desconexión cada vez mayor de las ciudades de su entorno rural y de su potencial capacidad productiva, ignorada por la deslocalización.
Mención aparte merecen dos observaciones cruciales. La primera: cualquier política de intervención debe tener un enfoque territorial. Son los barrios, y no las personas o familias individualmente las que deben ser objeto de la intervención social. La segunda: no perder de vista que la condición de vulnerabilidad cronificada está intrincadamente conectada con la raza. Aunque la evidencia de su análisis apunta a la población afroamericana en Estados Unidos, la reflexión sobre la situación de las minorias migrantes en Europa en general y además la gitana en España, es imprescindible.
Las conexiones con la esfera económica son evidentes. Por un lado, los datos muestran que la segregación y la desigualdad están correlacionadas con la debilidad sindical. Por otro, también parecen ser un freno para la mejora de la productividad y el desarrollo en el largo plazo. Así, mientras el tercio de población más pobre se queda cada vez más atrás, el tercio más favorecido, tampoco ve que sus condiciones de vida mejoren. Al menos no al ritmo de sus expectativas. El fracaso del modelo es rotundo y esto da alas al populismo de ultraderecha. Es necesario cambiar de rumbo.
De lo que se trata es de permitir las condiciones que permitan liberar la energía creativa de las personas y los barrios. Por ello, lejos de abominar del desarrollo urbano o del enorme potencial para el desarrollo económico de la concentración que lo acompaña, Florida aboga por un "urbanismo inclusivo" que adopte una serie de políticas que corrijan estos efectos. Estas políticas deberían constituir una particular versión actualidad del New Deal, orientado a que la nueva y empobrecida clase de servicios que habita en los barrios segregados, tenga opciones de ascenso social:
- Encauzar la tendencia a la concentración. Combatir las actitudes de rechazo a infraestructuras molestas por parte de los más favorecidos (efecto "no en mi patio trasero"). Apostar por una densidad elevada pero no extrema. Propone incrementar los impuestos a la propiedad de suelo para hacer más rentable el incremento de alturas.
- Desarrollar infraestructuras de transporte público que favorezcan la densidad fluida.
- Desarrollo de viviendas en alquiler asequible.
- Políticas de elevación del salario mínimo relacionado con el coste de la vida en cada ciudad y de renta básica universal como impuesto de la renta negativo.
- Políticas integrales de mejora de los barrios: seguridad, educación, transporte, vivienda, oportunidades económicas y no de forma parcial ni gradual.
- Coordinar un esfuerzo global por ciudades prósperas en países en desarrollo.
- Empoderar a las ciudades y a las comunidades. Más poder de decisión y fiscal para los gobiernos locales, presencia en los ámbitos de toma de decisiones estatales y capacidad de coordinación y toma de decisiones a nivel metropolitano.
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