Cualquiera que haya indagado en el origen de las bolsas de exclusión de nuestras ciudades, habrá encontrado un denominador común: la decisión de las administraciones de concentrar a las familias más vulnerables en espacios bien diferenciados del resto de la ciudad. Se toma a familias con problemas económicos, de desempleo, precariedad, etc., y en lugar de ubicarlas junto a otras familias, las metemos a convivir en bloques separados del resto del barrio. ¿Qué puede salir mal? Este es el origen de barrios estigmatizados como las tres mil de Sevilla, las trescientas setenta de Padre Claret, en Distrito Norte o las ochocientas de la barriada Murillo, también en Sevilla. Barrios donde se condensaron en viviendas sociales a familias que en otro contexto podrían haber progresado y desarrollado sus capacidades, pero que, así agrupadas, sumaron y multiplicaron sus carencias. Así es como se diseña sobre plano un gueto urbano. Luego pasan las décadas y los planes de empleo y de inclusión y d...
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