18 de abril de 2010

Cuando un tonto coge un carril...



...se acaba el carril y el tonto, sigue. No falla.

Después de 20 años de orgía inmobiliaria, en la que unos han gozado más que otros, es cierto, hemos aterrizado de forma traumática en el mayor crack inmobiliario-financiero de la historia de España. Se acumulan los pisos sin vender por decenas de miles; las pequeñas y medianas constructoras cierran sin cesar, así como las empresas auxiliares de la construcción; los bancos se niegan a dar créditos y en lugar de eso ofertan sus propias casas y mientras tanto las calles (y los bares) se llenan de albañiles en paro.

Tenemos en España viviendas disponibles sin vender para casi una generación.

Se supone que algo debemos haber aprendido

Pero no es así. Increíblemente, no es así.

Tenemos en tramitación en Granada, al menos una veintena de planes urbanísticos municipales orientados a la expansión salvaje. Planes que prevén la duplicación de la población de los municipios (la LOUA tiene sus coladeros) IU los está frenando e intentando poner sensatez allá donde puede, que no es en todas partes.

Estas aventuras urbanísticas no pueden terminar bien. Se harán, si se hacen, a medias, no se urbanizará todo, ni habrá dinero para los equipamientos. Se crearán problemas de casi imposible solución para los municipios afectados, con sobrecostes de transporte, abastecimiento, etc.

Uno puede entender que haya alcaldes autistas, que no se hayan enterado de lo que ha pasado, que sean capaces de creer que a su pueblo van a venir, no se sabe de donde, 5.000 personas a comprar un pareado junto a un campo de golf... pero es que es la propia Junta de Andalucía, la del nuevo modelo económico, la que se ha lanzado a poner en marcha la última agresión contra el territorio. En este caso, el de la costa.
En la Costa Tropical (la costa de Granada) pretenden urbanizarse 13 millones de metros cuadrados, dando vía libre a pisos, hoteles, puertos, campos de golf, grandes superficies comerciales, etc. De dónde saldrá el agua, el aire, el bienestar, el paisaje, los transportes... y la gente para pagar esos pisos, ojo, que eso no es baladí, poco importa.

Nadie le ha preguntado a los granadinos si quieren de verdad convertir Salobreña en Benidorm y Almuñecar en Torremolinos. Yo os lo digo ya: no quieren. No queremos. Por eso no nos preguntan.

Parece que en Almería la pretensión es la misma.

Es tan incomprensible, tan absurdo, que uno se ve obligado a pensar que no lo hacen por estar equivocados, que saben muy bien lo que hacen, que ya han calculado que en cosa de 15 ó 30 años sus amigos, los promotores que atesorarán en pocos meses los terrenos urbanizables, volverán a dar un pelotazo... y que a ellos, a los planificadores del territorio les recompensan personal y partidariamente ahora.

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