18 de mayo de 2010

¡Fuera Pobres!



Vergüenza da vivir en una ciudad en la que el único motivo por el que se pone en pié un movimiento vecinal (cuyos líderes, para colmo, van de progres) es impedir que se construya un centro para atender y reinsertar vagabundos.

Vergüenza da que un alcalde (José Torres, del PP) se apresure a atender la "sensibilidad" vecinal y retire la concesión del suelo para la construcción del centro en cuestión. Vergüenza, cuando ese alcalde ha permanecido sordo a las movilizaciones contra un campo de golf, la destrucción de una zona verde o la demanda de mejoras de las trabajadoras de ayuda a domicilio.

La primera vez que recogí firmas por una causa, fue para un manifiesto en el que los jóvenes cristianos de mi barrio de Madrid, pedíamos el apoyo para con la iniciativa de construir unas viviendas sociales en un solar del barrio, iniciativa que había despertado el rechazo de unos vecinos que empezaban a sentirse clase media y huían del Moratalaz del "Torito" y del "Mole" como de la peste... descubrir que los párrocos eran los primeros en pedir "prudencia", "tibieza" y "no comprometerse" fue mi primera lección del doble lenguaje que siempre reviste a quienes qjercen un poder, por pequeño que sea.

Inevitablemente, hoy he vuelto a revivir aquella historia. A mí, nunca me gustó demasiado el estilo, un tanto asistencialista, con el que comenzó esta organización, Calor y Café. No obstante, en los últimos años, habían realizado un interesante giro hacia programas más orientados a la reinserción y "normalizacióin" de estos desechos del mercado que recorren nuestras calles como viva imagen del fracaso del paraso consumista. ¿Cómo es posible que la sociedad perfecta en el mejor de los mundos posibles genere estos personajes? Mejor ocultarlos, mejor esconderlos, tenerlos lejos. Corren malos tiempos para la solidaridad. Nadie quiere pobres a la puerta de su casa que le recuerden que quizá él o ella pudieran verse igual...

En un mundo imaginario, en mitad de la procesión del Corpus, cuando el alcalde camine detrás del santísimo sacramento bajo palio por la Gran Vía, el arzobispo, que con tanto celo defiende embriones sin sistema nervioso formado, pararía el cortejo y volviéndose hacia el alcalde, le interrogaría "¿Pepe, que has hecho con los Lázaros de tu ciudad?"

¿Veremos el milagro? Algo me dice que no, que monseñor seguirá, Gran Vía adelante, pensando que los millones de Euros que le perdona el Excmo. en concepto de IBI, bien valen un solemne silencio.

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