8 de julio de 2010

Señores del Mercado

Vengan señores de la guerra,
ustedes que construyen todas las armas,
ustedes que construyen los aviones de muerte,
ustedes que construyen las grandes bombas,
ustedes que se esconden detrás de paredes,
ustedes que se esconden detrás de escritorios,
sólo quiero que sepan
que puedo ver detrás de sus máscaras
(Bob Dylan – Masters of War)

Los sindicatos han convocado Huelga General para el próximo día 29 de septiembre. No se trata sólo de una Huelga General en España. El 29 de septiembre, habrá Huelga General en Francia, España, Portugal, Italia y Grecia conjuntamente, coincidiendo con una jornada de protesta de la Confederación Europea de Sindicatos (CES) en el conjunto de la Unión Europea.

Esta convocatoria Europea es lógica teniendo en cuente el carácter de esta Huelga. Esta Huelga no es una mera medida de presión de los sindicatos ante un conflicto laboral. Esta Huelga es una llamada a la rebeldía para la ciudadanía europea. En esta llamada a la rebeldía estamos unidas todas las organizaciones de la izquierda social y política. No es para menos, pues la derecha global se ha marcado un objetivo: el desmantelamiento de las democracias sociales europeas tal y como las hemos conocido.

La reforma laboral que aprobó el gobierno español el pasado mes de junio, con ser terrible, es sólo un eslabón más de la cadena que los señores del mercado quieren ponernos al cuello a quienes dependemos de nuestro trabajo para poder llegar a fin de mes.
Esa cadena incluye el endeudamiento de por vida para poder pagar una vivienda; las jornadas laborales de 10 o 12 horas diarias; el miedo al despido libre y la conversión en mercancías de la salud, la educación, la atención a los dependientes, el agua y la pensión de jubilación. Pero por encima de todo, colocarnos esa cadena requiere de la destrucción del poder político democrático de los estados, convirtiéndolos en simples gestores de las decisiones políticas que ellos, los señores de los mercados, toman en la distancia.

Todo esto es lo que estamos viendo en estos años:

La Constitución Europea reducía hasta lo simbólico el poder político de los estados, convirtiendo en ilegal cualquier intervención en la economía, en el mercado o en las finanzas. Con esa constitución europea, el dueño de un gran banco o el accionista mayoritario de ENDESA tenían y tienen, más libertad de decisión y margen de maniobra que el presidente del gobierno de un país europeo. La aplicación de esta constitución era la recogida en la denominada “Estrategia de Lisboa” que prometía crear 20 millones de empleos. Lisboa ha fracasado estrepitosamente, pero sus creadores, sus avalistas y sus defensores siguen en el poder, como Zapatero, o aspirando a hacerse con el, como Rajoy.

El modelo de acumulación basada en la especulación con la vivienda ha tocado techo, poniendo en grave riesgo el sistema. Los señores del mercado lo recalentaron tanto que casi se queman. La solución ha sido saquear los bienes públicos de los estados (propiedad de sus habitantes) con ayudas públicas, planes de socorro, subvenciones, etc.

Tras el recalentamiento, el periodo de “enfriamiento” ha sido una congelación dura que se ha llevado por delante el empleo de dos millones de personas en España y a cientos de miles de pequeños empresarios. La eliminación de la pequeña empresa beneficia a los señores del mercado, que concentran más medios de producción bajo su control directo.

Para recuperar la tasa de ganancia propia del periodo anterior a la crisis, necesitan ahora comenzar a especular en otros terrenos: los alimentos, los medicamentos, el conocimiento, las pensiones... También hay un “gran sector de negocio” a través de la apropiación de los servicios del estado del bienestar para comerciar con ellos. “¿Para qué mantener países que ofrecen médicos o escuelas gratis a sus trabajadores cuando está demostrado que un padre o una madre están dispuestos a pagar lo que haga falta por la salud o la educación de sus hijos? ¡Es un desperdicio! ¡Con la de dinero que se puede hacer ahí!”. Así piensan los señores del mercado. Por eso la derecha vende el agua donde gobierna, empieza a hablar de “copago” en la sanidad y reforma la Universidad para que entre la empresa privada en ella.

Pero recuperar la tasa de ganancia exige también que las empresas sean “competitivas”, esto es, que sus trabajadores creen con su trabajo mucho más valor del que reciben a través de su salario. No más, sino mucho más, varias veces más. Esto se puede hacer de dos maneras: compitiendo por alta calidad o compitiendo por bajos costes.

La competencia por alta calidad es el modelo que escogieron los países nórdicos, Alemania o Japón. Requiere de una fuerte inversión, investigación e innovación, así como de mano de obra muy bien formada y especializada, que, lógicamente, está en condiciones de exigir altos salarios y buenas condiciones de trabajo. El modelo es caro y los impuestos son altos, pero los productos son de alta calidad y se venden a buen precio en el mercado mundial.

La competencia por bajos costes no requiere alta inversión ni mano de obra muy cualificada. Basta con una población abundante acuciada por la necesidad que crean unos escasos servicios públicos y presionada por una alta tasa de paro. Se producen objetos baratos, pero los costes son tan bajos que siempre queda margen. Es el modelo de Marruecos, Rumanía, China y, al parecer, el que Zapatero tiene para España.

En la transición a este modelo es en la que estamos embarcados. Para llegar al modelo de bajo coste, hay que ofrecer a estas empresas que paguen pocos impuestos, ofrecer buenas condiciones de despido, barato y flexible, debilitar el sistema de protección a los parados y los servicios públicos, disminuir la capacidad de actuar de los sindicatos, eliminando la eficacia de su acción y crear “nuevas oportunidades” de mercado, privatizando lo que quede de sector público. También hace falta un estado débil, con escaso poder inspector (de hacienda, de trabajo, ambiental) para garantizar que las escasas leyes que puedan contravenir los intereses de los señores del mercado, lleguen nunca a aplicarse de manera efectiva.

Este es el sentido de la reforma laboral, que abarata el despido y lo facilita, que desautoriza los convenios colectivos, que abre el sector público al trabajo temporal y que privatiza los servicios de empleo. La motivación es, obviamente, llevar a España al modelo de competitividad por bajo coste. Por eso la reforma coincide con la modificación de la ley de cajas que va a ofrecerlas en bandeja a la gran banca internacional. Por eso llega a la vez que la aplicación de directivas europeas como la Bolkestein, dirigidas a eliminar cualquier control sobre los movimientos de la gran empresa sobre Europa. Por eso va acompañada de un recorte sin precedentes en los servicios públicos.

La oleada de reformas a la que asistimos durante esta crisis son un verdadero golpe de la burguesía contra la clase trabajadora. Yo me crié en un país donde los parados recibían ayuda y los niños buena educación y sanidad; Donde pagaban más impuestos quienes más tenían y los gobiernos, elegidos democráticamente, detentaban todo el poder; donde los padres esperaban ver a sus hijos vivir un poco mejor que ellos cuando, pasados los 65 años, ellos empezaran a cobrar la pensión ganada con su esfuerzo... ese país está siendo destruido. Lo están desmantelando los señores del mercado. Si no hacemos nada, a nuestros hijos, a nuestros jóvenes, les espera un futuro de explotación, malos servicios, bajos salarios, precariedad, miedo al despido y pensiones de hambre.

Yo iré a la huelga el día 29 de septiembre y voy a dedicar todo mi tiempo de aquí a ese día a convencer a cuanta gente pueda de la necesidad de esta huelga. No es una huelga contra el PSOE, ni contra ZP. Es una huelga contra la Europa del Capital y los señores del mercado, los que han provocado esta crisis, se han enriquecido con ella y ahora quieren preparar su negocio para las próximas décadas. Es también una huelga contra los gobiernos cobardes que en lugar de preocuparse de su nación, de su pueblo, de su gente, se dedican a satisfacer la voracidad de estos señores, a los que no se atreven a plantar cara.

Hace falta un levantamiento general, una movilización sin precedentes, para que entiendan que, por mucho dinero que tengan, en Andalucía, en España, en Europa, mandamos nosotros, el pueblo trabajador, y que no estamos dispuestos a entregar nuestra soberanía a los señores del mercado.

1 comentario:

  1. Lo peor de todo no es si existe un plan maquiavélico detrás de todo esto, si no que lo que existe es una dinámica destructiva basada en unos presupuestos ideológicos que hasta los curritos aceptan. El principal objetivo del 29 S es hacer entender a los trabajadores lo que ocurre y que tú describes con tanta sencillez.

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