21 de agosto de 2010

Flamenco

Con el dinero que gasta un ayuntamiento en un concierto "pop" de 90 minutos, se financia el funcionamiento de dos peñas flamencas durante un año.

Esa es la conclusión que saco de mi participación anoche en la ignauguración de la recuperada peña flamenca de Cullar Vega. Algo posible sólo gracias al impulso de sus socios, pero también a la voluntad política del gobierno local, de izquierda, y en concreto al buen hacer de Choni, concejala del pueblo y diputada de cultura.

No se trata de que uno esté en contra de la música pop. Se trata de recordar, una vez más, que el consumo de un producto de ocio no es comparable a la producción y reproducción de una herencia. Que la política cultural es una cosa, y el fomento de la actividad turística y el ocio colectivo, otra.

No se comprende el presupuesto millonario en espectáculos que maneja cualquier administración, comparado con las dificultades que atraviesa cualquier asociación dedicada a la producción cultural, sea la que sea: flamenco, teatro clásico, poesía, hip-hop o creación literaria.

Pero si alguno de estos fenómenos es especialmente inaceptable, es el que afecta al flamenco. Conste que no lo dice un aficionado. Soy un analfabeto absoluto en la materia, pero eso no me impide constatar algunos hechos: prácticamente no hay un pueblo mediano o grande en Granada sin peña flamenca, y sus aficionados son miles en la provincia. Por otra parte, en cualquier rincón del mundo, la primera referencia sobre España ¡antes incluso que el hecho de haber ganado el mundial! es el flamenco, en especial el baile. Me ha pasado tres veces en una semana en Pekín:

- ¿De donde eres?
- De España
- Ah! que bello vuestro baile!

¿Y nosotros? gastándonos los euros a decenas de miles en conciertos de estrellas del pop, puros productos de consumo del mercado internacional, mientras nuestro propio sustrato cultural se las ve y se las desea para recibir unas míseras subvenciones. Y no es sólo el flmaneco. En esas mismas ciudades que se gastan 50,000 euros en un concierto de pago de Bisbal, los grupos locales de pop, no tienen locales donde ensayar. Ya está bien de hacer populismo con el dinero de la cultura.

La política cultural de la izquierda tiene tres señas de identidad:
1. Fomenta la expresión liberadora del pueblo: de su crítica, sentimientos y deseos.
2. Apoya la producción cultural y el tejido social que genera.
3. Protege la herencia cultural propia y difunde la diversidad, frente al interés capitalista por homogeneizar la demanda de su "mercado" cultural.

¿Es tan dificil? En concreto, en Granada, hace falta un debate y un plan a largo plazo para apoyar al ingente movimiento a favor del flamenco que se mueve en el desierto. En ese sentido, el camino iniciado por la delegación de cultura de la Diputación, es todo un acierto.

1 comentario:

  1. http://flamencounderecho.blogspot.com/
    Firma y difunde manifiesto de apoyo...
    El flamenco se prodiga, con subvenciones públicas andaluzas, en los escenarios nacionales e internacionales mientras agoniza en Andalucía.
    El flamenco es más que una música, es una expresión cultural completa, es la expresión global de un pueblo (La identidad Andaluza del Flamenco, Atrapasueños).

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