5 de enero de 2011

Un mercado para someterlos a todos

El gobierno neozelandés modificó su legislación laboral en el mes de noviembre, eliminando la negociacion colectiva para los trabajadores de la industria del cine. Así lo exigió la multinacional Warner para mantener el rodaje de "El Hobbit" en Nueva Zelanda. El gobierno (¿democrático?) y (¿soberano?) de Nueva Zelanda, obediente, se plegó a las exigencias de la empresa.

Los pormenores del acuerdo, incluyen la reducción de los trabajadores a la condición de autónomos, sin derechos laborales, así como ciertas subvenciones y la renuncia a la percepción de impuestos por parte del estado Neozelandes... todo vale con tal de mantener la actividad económica en el país.

En España, mientras tanto, el gobierno ha ganado un par de meses, como mucho, de contención de las presiones especulativas, tras los últimos recortes sociales, la congelación de las pensiones, las privatizaciones de los aeropuertos y el anuncio del aumento de la edad de jubilación. Los mercados dan permiso a Zapatero para seguir en el gobierno.

El mensaje en ambos casos es el mismo: sólo aquellos pueblos dispuestos a aprobar leyes que faciliten la explotación, tendrán economías en crecimiento. El capital ha decidido ejercer el poder político, y lo ejerce sin complejos ni piedad.

¿Cómo hemos llegado a esto? Han hecho falta casi tres décadas, en las que políticos como Reagan, Thatcher, Pinochet, Kohl, Aznar, Gonzalez, etc., han ido aprobando, una a una, leyes que constituían un verdadero suicidio del Estado. Este Harakiri del poder democrático, creando al Dios Mercado Uno, Grande y Libre, es lo que se encuentra detrás de la situación actual.

Cuando los antiglobalización nos manifestábamos de cumbre en cumbre pidiendo "otro mundo posible" nos referíamos a uno en el que la especulación estuviera controlada, no se agotaran irresponsablemente los recursos naturales, se establecieran los mismos derechos para los trabajadores en todos los países, no se permitieran las deslocalizaciones, se armonizaran las políticas fiscales, se persiguiera el fraude, las relaciones comerciales fueran equitativas... Un mundo en el que el mercado estuviera sometido al poder democrático, justo lo contrario de lo que hacían los gobiernos.

La actual situación en la que una compañía de cine puede poner de rodillas a un gobierno democrático era el objetivo al que querían llegar los globalizadores. Ya lo han conseguido. El Mercado impera.

Un Mercado para gobernarlos a todos.
Un Mercado para encontrarlos,
Un Mercado para atraerlos a todos
y atarlos en las tinieblas

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