18 de marzo de 2011

Daños asumibles del negocio nuclear

Las víctimas colaterales del negocio nuclear, no se qué opinan sobre la seguridad de esta tecnología. A algunas de ellas podeis verlas en este reportaje de Magnum, del fotógrafo, Paul Fusco. sobre las consecuencias de Chernobyl. De otras, como el piloto Anatoly Grishchenko, es imposible localizar una fotografía.

Todos los días, camino del desayuno, en mi centro de trabajo en la Base Aérea de Armilla, paso por delante de un curioso monumento colocado junto a la actual bandera de España. Es un helicóptero del Ejército Rojo, con una pequeña placa que dice "Anatoly Grishchenko. Piloto de Helicóptero. Heroe de Chernobyl".

En 1986, durnte una semana, Anatoly realizó más de 40 vuelos con su helicóptero sobre la central de Chernobyl. Cada viaje, depositaba unos cientos de kilos de cemento para tapar el reactor que vomitaba radiación. Cada viaje, se exponía a una dosis letal de radiación, y él lo sabía. Murió de leucemia, unos meses después en un hospital de Seattle.

Como él, 600 tripulantes de la aviación soviética entregaron su vida decenas de veces para evitar que los niños que vemos en las fotos fueran decenas de miles, en lugar de unos pocos cientos. Para evitar que el horror de Chernobyl se extendiera por media Europa. Después, Rusia renunció a la energía nuclear para nunca más.

En Fukushima, los vuelos con helicóptero para refrigerar con agua un reactor fuera de control, ya han empezado. En Japón, a cientos de kilómetros del reactor, donde viven millones de personas, ya se alcanzan dosis de radiación superiores, en varios órdenes de magnitud, a las que se registran en esas zonas de los hospitales donde encontramos carteles prohibiendo el paso a las embarazadas y a los niños pequeños, como podeis ver en el mapa adjunto, tomado del blog de ciencia "La Pizarra de Yuri" 

Hoy, camino del desayuno, al pasar por delante del monumento a Anatoly, me he preguntado si su sacrificio sería en vano. Si él, que murió por salvar a millones de europeos (y a sus hijos) de una de las peores muertes (y de las peores vidas) imaginables, soportaría contemplar el acto de contínua estupidez que supone que los europeos toleremos el negocio nuclear en nuestro suelo, junto a nuestras casas, junto a nuestros hijos...

Terremotos, negligencia, falta de mantenimiento, obsolescencia... Cada vez que ocurre un accidente nuclear, nos explican que se trató de una consecuencia de algo fortuito, irrepetible, negligente, imprevisto, irrepetible... pero que las centrales nucleares son seguras. La verdad es que no hay seguridad absoluta, como no hay verdades absolutamente incuestionables (salvo las matemáticas) y el riesgo nuclear es inasumible e innecesario, habiendo otras alternativas.

La única razón para pronlogar la vida de las centrales nucleares, o para potenciarlas, es que son un negocio formidable en comparación con las energías renovables. Por el mismo coste de inversión se puede obtener el doble de beneficio... lo demás son, daños colaterales. El hecho de que tengamos aún nucleares en España, sólo es la prueba de que el poder no lo tiene el pueblo soberano, sino media docena de directivos del consorcio energético-bancario que controla el gobierno. En nuestra mano está ejercer de ciudadanos antes de que nos conviertan en daño colateral.

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