30 de junio de 2011

Los ricos herederos de la progresía

¿Cuándo caduca un apellido?

Son demasiadas las capitales andaluzas que se enfrentan al dilema de arriesgarse a perder el legado de alguno de sus hijos más insignes si osan cuestionar los privilegios de los herederos de dicho ilustre personaje.

La última polémica la han protagonizado los herederos de Picasso, en Málaga, que han puesto el grito en el cielo porque la Junta de Andalucía organizara una exposición sobre los particulares "desastres de la guerra" del pintor malagueño. Pero a los señores herederos del pintor, les ha parecido que eso de recordar lo que realmente fue la guerra civil y la visión que un republicano comprometido y militante comunista, pudiera tener de ella, era "meterse en política", y ya lo dejó dicho Franco: "no hay que meterse en política"

Así que se produjo una división en el seno de la fundación Picasso: de un lado, Paulino Plata, consejero de cultura del gobierno andaluz, que representa a 8 millones de personas, de la otra, Chiristinne Ruiz-Picasso, heredera... y de lo que se trata ahora es de ¿buscar una solución de compromiso? ¿entre iguales? A mi algo no me cuadra.

En Granada, los dos últimos años hemos vivido una polémica salvaje, con los hijos de José Guerrero reclamando su derecho a administrar directamente el millón de euros que la Diputación de Granada destina anualmente a la conservación y divulgación de la obra de Guerrero... porque de eso se trató toda la polémica, de que los herederos de Guerrero exigían tener mayoría en la fundación que gestionaba la obra. El hecho de que la fundación se financiara al 100% con dinero público no parecía a estos herederos un inconveniente para que ellos lo administraran. Lo triste es que lograron el apoyo de medios de comunicación, grupos de la derecha local y culturetas sin rumbo, de esos que encuentran que apuñalar políticamente a la izquierda es la mejor manera de reivindicar su independencia.

Y luego está lo de Lorca... lo de que sus sobrinos-nietos (que también chupan del bote en más de una fundación) se permitan el lujo de decirnos a los granadinos si tenemos derecho o no a saber donde está enterrado nuestro poeta... como si fuera más suyo que nuestro. Como si Federico perteneciera más a un remoto descendiente que al pueblo de Andalucía (como mínimo)

Son sólo tres ejemplos, pero hay más. Ya va siendo hora de poner las cosas en claro: el arte tiene autor y dueño, pero la cultura no. La cultura (igual que ocurre con la plusvalía urbanística) es generada por el pueblo que conoce, transmite, valora, digiere y reproduce un mensaje artístico y con ello crece como pueblo.

Las fundaciones artísitcas, ligadas a la obra de un autor, no pueden seguir dependiendo del capricho de unos herederos que se permiten el lujo de hablar de tu a tu con alcaldes, presidentes de diputaciones y consejeros, como si sus legitimidades fueran comparables.

No se puede ir de progre por la vida sin entender que, llega un momento, en que un apellido caduca.

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