26 de enero de 2012

5 de febrero. Marcha por la Memoria.

El próximo domingo 5, conmemoramos el 75 aniversario de la matanza del Río Guadalfeo, en el marco de "La Desbandá", uno de los episodios más crueles de la Guerra Civil, que demuestra que uno de los bandos concibió el conflicto, desde un primer momento, como una operación de exterminio.

En los primeros días de febrero de 1937, miles de refugiados de guerra, atravesaron el Sur de la Provincia de Granada, huyendo de Málaga hacia Almería. Hombre mujeres y niños huían bajo el fuego de la aviación y la marina fascistas y perseguidos de cerca por la infantería. Tal era su terror, que se arriesgaron, en plena noche, a vadear el Río Guadalfeo. Murieron cientos.

Ahora, desde IU, queremos que toda la desembocadura del Guadalfeo sea declarada lugar de la memoria histórica de Andalucia, para que las generaciones actuales y futuras conozcan la realidad denuestro pasado y sepan del horror que desencadenan las alternativas totalitarias.

Sólo quienes defiendan el exterminio de la población civil como método válido en política, pueden estar en contra de una conmemoración como esta, a la que estamos todos invitados.


Miguel Angel Romero, coordinador de IU en la Costa de Granada, ha preparado un informe propuesta excelente, que será debatido las próximas semanas en los Ayuntamientos de la Costa de Granada, y que reproduzco a continuación:

En los primeros días del mes de febrero del año 1.937 se habían venido concentrando en Málaga ciudad y alrededores una gran masa de ciudadanos, que huían del ejército sublevado contra el gobierno de la República; la misma catedral de la capital malagueña hubo de ser habilitada como espacio de acogida de estas personas que traían los enseres indispensables, insuficientes, para estar al amparo de las autoridades de la República, que se veían desbordadas por la gran cantidad de personas que se acogían a la solidaridad del pueblo malagueño.

En los primeros días de este mes se había organizado una ofensiva militar contra Málaga, ordenada por el general Queipo de Llano, en las que intervinieron tropas españolas, al mando del general Borbón y un gran contingente de otras fuerzas italianas de la CTV, asistidas por la escuadra española (Baleares, Canarias, etc.), así como de varias escuadras de aviones alemanes, españoles e italianos.

Una gran masa de población civil, ante esta ofensiva militar, se puso en camino, decidida a ponerse a salvo de las tropelías que habían oído decir sobre la actuación de estas fuerzas militares, cuando entraban en las zonas que habían quedado fieles a la República. Por lo que mujeres, niños, ancianos, etc., se echaron a la carretera, decididos a poner tierra de por medio y huir de los militares.

Que en esta desbandada de personas se fueron incluyendo otras que al ver el río de gente que circulaba en dirección a Almería, por la costa, entraron en estado de alarma y pánico, por lo que esta masa humana se vio incrementada por otras muchas personas de los pueblos por los que esta masa discurría (pueblos de Axarquía malagueña, Vélez Málaga, Torrox, Nerja, Almuñécar, Motril, etc.

Que esta población en huída fue duramente hostigada, básicamente desde el mar, donde los barcos sublevados cañoneaban a placer a la población civil, que tan cerca del litoral se situaban, que los huidos contaban que veían perfectamente a los tripulantes y el movimiento de los cañones, al prepararse a disparar.

También fueron bombardeados y ametrallados desde el aire por los aviones alemanes e italianos de manera inmisericorde.

Todo ello con el terror en el cuerpo pues sabían e incluso veían a las fuerzas italianas que habían bajado por el Boquete de Zafarraya, primero, para cortarles el paso, y para perseguirles en su huída.

En todo este holocausto padecido por población civil de todas las clases sociales, aunque, en mayor cantidad, de las capas más desfavorecidas y, por lo tanto, claramente de ideología izquierdista, hay un lugar que a la población en huída se le quedó más marcada en su memoria por su especial dureza y fue que al llegar al cauce del río Guadalfeo, por el cual cruzaba la antigua carretera de Málaga a Almería, se encontraron con el puente destruido y el río especialmente crecido; causa por la cual, en su intento de cruzarlo o vadearlo para llegar al otro lado, muchas de estas personas fueron arrastradas por el agua y ahogadas en el mar.

Todo ello queda muy bien reflejado en el libro que a continuación se reseña:

Notas extraídas del libro “Población y Guerra Civil en Málaga: Caída, éxodo y refugia” de Encarnación Barranquero Borrego y Lucía Prieto Borrego:

Cuando los que lograron sobrevivir a los bombardeos y sobreponerse al cansancio creyeron alcanzar la zona republicana se hallaron frente a un obstáculo inesperado que les impedía seguir avanzando, el Guadalfeo, sobre el lugar que ocupaba el puente destruido al menos dos meses antes, las aguas inundaban la carretera.

Ante la proximidad de la columna Guassardo, los que desafiando a los bombardeos y al cansancio habían llegado hasta allí no se detuvieron, pero la determinación de cruzar el río costó a muchos la vida. En realidad nadie conocía su profundidad ni los lugares por los cuales podía ser vadeado. Los más afortunados pudieron pasarlo recurriendo a estrategias como la utilizada por el padre de María González, que buscó un tronco de madera fuerte y lo iba clavando con fuerza en el fondo del cauce y así su familia, encadenada por los brazos, pudo cruzarlo: otros lograron pasar montados en caballos o en los camiones del ejército en retirada. Fue difícil hasta para un joven combatiente:

“La corriente arrastraba los mulos, los caballos, todo. Podía llevarte por delante. Miraba la corriente y me mareaba y si no es por un hombre del campo que me cogió no estoy aquí. El agua llegaba al pecho ¡pero con qué velocidad! Si se miraba al fondo no se sabía dónde poner el pie. El hombre me cogió: -¡Miliciano, mira al frente! ¡Por lo alto! Y así pasé, viendo cómo a un hombre se le iba un niños…” (testimonio de Manuel Sánchez Fuertes, Málaga)

“Llegando a Motril (…) el puente de Motril, en el río Guadalfeo, por la noche atravesando el rio, que era muy caudaloso en aquel tiempo, murieron muchas criaturas, se ahogaron niños y se ahogaron de todo, nosotros tuvimos la suerte de pasarlo (…)” (testimonio de José Sánchez Gálvez, Nerja)

“El río que hay en Motril, al bombardear tiraron el puente y se abrieron las compuertas y para pasarlo, a mi prima y a mí nos ayudó un soldado y a mi abuela, como era tan viejecita, la pasó un mulo, así, con todo el trabajo. Allí se ahogó mucha gente, y se perdieron, aunque nosotros, gracias a Dios, no. Se secaba la ropa en el cuerpo y seguíamos andando…” (testimonio de María Muñoz Salas, Málaga)

“(…) Pasamos un río. ¡Lo que se ahogaron de gente! (…). El río era muy grande y cada uno pasaba por un lado, el que no sabía nadar pues todo eran gritos y llantos y lamentos (…) Nosotros lo pasamos de noche, pero habían unos milicianos con un camión que dicen: ¡Camaradas, esperaros! Subid al camión y si el camión no se hunde (…) a los niños, los hombres los llevaban en los hombros, a nosotros nos cogieron en los hombros e iba al lado del camión todo el mundo que podía, pero como el río era muy grande unos se iban por un lado y otros por otro y eso eran todo lamentos (…)” (testimonio de Consuelo Torres Fernández, Málaga)

“(…) Seguimos para adelante y una de las noches el puente que hay más para acá de Motril, que está el rio ese que viene de Granada (…) entonces la carretera iba llena de gente (…) ahora no se podía pasar de la parte aquella de Málaga hacia la de Almería porque el puente estaba cortado y el río como era invierno, como era febrero, pues el río había crecido, pero la gente buscando la forma de pasar y de noche, sin luz y sin nada, sin saber por dónde se podía pasar mejor (…) aquella noche se ahogaron gente por cientos (…) y mi hermano, mi primo y mi padre buscaron un sitio de menos agua (…) mi hermano me cogió a mí y me subió a sus hombros, mi primo cogió a mi hermano Alfonso que éramos los más pequeños y nos pasaron al otro lado (…) pasó a hombros, también, a mi padre y a mi madre (…) metiéndose, ellos, en el agua por donde menos cantidad y pudimos pasar todos y no nos pasó nada (…) aquello fue espantoso (…)” (testimonio de Juan Gallardo Aguilar, Campillos)

“Abrieron las compuertas y serían las doce o la una cuando pasamos nosotros y allí un chillerío, porque a muchas personas se las llevaba el río y se ahogaron, y unos gritos de los que se los llevaba el rio (…) Yo vi a un hombre que iba con un caballo subido y le dije: ‘Mire usted suba usted a mi niño en lo alto’. Y el hombre lo cogió y se lo puso por delante, pero yo cogí la cola del caballo y me la lié en las manos, tuve esa idea y como el caballo tiraba me llegaba el agua por arriba pero así pude pasar el rio. Ahora sal del rio chorreandito, la ropa se me secó encima, que era el mes de febrero y la ropa chorreando se me secó encima y las sandalias que eran de goma allí se me fueron en el río y me quedé descalza y el hombre cuando pasamos el río me bajó el niño y a caminas (…)” (testimonio de Isabel Arcas Alonso, Málaga)

Pero otros simplemente intentaron cruzarlo a nado o vadearlo a pie. Era imposible debido al aumento del caudal que, como se ha dicho, muchos atribuyen a la liberación del agua de una presa situada a la cabecera del río. Las evocaciones más recurrentes se refieren a una especie de trueno seguido de una crecida inesperada del río que arrastró a los que intentaban vanamente alcanzar la otra orilla:

“(…) Era de noche y pasamos un puente que había y al pasar sentimos una explosión y habían echado el puente abajo (…) Total que todo el mundo (…) los que llevaban de la mano se desprendían y, claro, al caer, tú no esperabas aquello y de noche y el río que llevaba muchísima agua (…) (testimonio de Antonia García de la Cueva, Málaga)

“(…) La aviación y la artillería nos bombardeó por toda la carretera hasta llegar a Motril. Antes de llegar allí, le dieron larga a las compuertas del río y varios cientos de ahogaron (…)” (testimonio de Manuel Espada Cordón)

“(…) Murió mucha gente porque ahí en Motril abrieron las compuertas y el agua se llevó a muchísima gente, se llevó muchos coches (…)” (testimonio de Antonio Ariza Jiménez, Torrox)

“(…) Unas primas hermanas de mi madre vivían en la calle Arco, en pleno Perchel, y mi tía Isabel y cuatro hijas. Una de ellas, María, fue la primera que se casó con un miliciano en el ayuntamiento, vestida con el gorro y el gorrito. Pues esa llevaba un niño de meses y cuando llegaron al río, que venía muy crecido por las lluvias y estaba desbordado, la fuerza del agua le quitó el niño de los brazos y lo perdió. Eso le quedó a ella (…)” (testimonio de José Rodríguez Román, Málaga)

Es difícil determinar si la crecida del río se debió a una acción predeterminada como lo creían los que huían, hipótesis admitida por unas personas sometidas a un hostigamiento total y en las que germinaba el odio y el temor al enemigo, pero es difícil de mantener en tanto en cuanto que de ser cierta hubiera impedido el paso a la columna motorizada que se dirigía a Motril. Lo que puede ser admitido con certeza es la imposibilidad de seguir por la carretera dada la destrucción del puente y la construcción de otro de madera, situado más al interior por donde pudieron pasar los que tuvieron conocimiento de su existencia, una vez producida la gran avenida de agua se convencieron de la imposibilidad de cruzarlo a la altura de la carretera.

“(…) Nos metemos a la entrada de Motril, en el río y cuando llegamos al puente, el puente volado y el carro no podía pasar por allí, ni nosotros (…) el río era ancho y nosotros no lo cruzamos, estuvimos metidos en el río pero no lo cruzamos (…) porque creo que habían dejado de ir el agua de los embalses y había llovido también, porque en Motril estaban las cañas enfangadas (…) Nosotros llegamos al rio al salir el sol, los que pasaron de noche lo pasaron peor (…) Y decían los mayores –‘Por ahí no podéis pasar porque lleváis niños chicos, las personas mayores no sabemos pero los niños no pueden pasar. Por ahí arriba hay un puente de madera –nos dijeron-‘. Habría un kilómetro o kilómetro y medio más o menos, pasamos con el carro y luego después volaron también el puente de madera, pero no lo vimos nosotros volar. Tuvimos suerte y pasamos sin meternos en el río (…)”. (testimonio de José Ruiz Ruiz, Marbella)

“(…) Llegando a Motril había un río, me acuerdo que el puente general de la carretera lo había volado e hicieron otro más arriba de palos y yo me acuerdo que la sensación que a mí me daba era como de ver mucha agua, muchos borbotones, como de tener la cabeza mucho tiempo metida en el río (…) al pasar el puente, ya descansamos aunque era de noche (…)” (testimonio de Concepción Lara Díaz, Vélez Málaga)

Por lo anteriormente expuesto, el Grupo de IULV-CA, presenta al Pleno de este Ayuntamiento para su debate y aprobación la siguiente propuesta de acuerdo:

Proponer a la Consejería de Gobernación y Justicia de la Junta de Andalucía la declaración del último tramo del río Guadalfeo Lugar de Memoria Histórica,

Al amparo de lo dispuesto en el Decreto 264/2011, de 2 de agosto, por el que se crean y regulan la figura de Lugar de Memoria Histórica de Andalucía y el Catálogo de Lugares de Memoria Histórica de Andalucía. En concreto a lo que dice su Artículo 4.- sobre el Procedimiento de declaración de un Lugar de Memoria Histórica de Andalucía:

1.- El procedimiento para la declaración de Lugar de Memoria Histórica y su inclusión en el Catálogo de Lugares de Memoria Histórica de Andalucía se iniciará de oficio por acuerdo de la persona titular del Comisariado para la Recuperación de la Memoria Histórica, ya sea por iniciativa del propio Comisariado, ya sea a petición de personas o entidades interesadas. La resolución del procedimiento se hará pública en el plazo de seis meses desde el acuerdo del inicio.

1 comentario:

  1. Enhorabuena por la entrada, por lo que supone de homenaje a todos aquellos que sufrieron en sus propias carnes la tragedia. Entre otras, mi madre: María Muñoz Salas, uno de cuyos testimonios recoges. Gracias, Manolo Morales Muñoz.

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