9 de enero de 2012

Vivíamos por debajo de nuestras posibilidades.

No hay manipulación mayor que la de que "hemos vivido por encima de nuestras posibilidades". Es mentira. Los culpables de la crisis son los que han acumulado por encima de sus posibilidades. No los trabajadores españoles.

En 2007, año del inicio de la crisis, el producto interior bruto de España (la riqueza nacional por español) era de 21.800 €, como muestran los datos de EUROSTAT

Comparándolo con algunos países de nuestro entorno a los que habitualmente miramos como referencia, vemos que la cantidad de riqueza producida por habitante era, aproximadamente, un tercio menos que en Francia o Alemania, y un 45% menor que el de Reino Unido.

La distribución de esa riqueza disponible por habitante, nos da una idea del nivel de vida "en función de las posibilidades" que se ha venido dando en cada país. En este sentido, lo primero que llama la atención es que los salarios en España, en la ápoca de vacas gordas, esa en la que nos acusan de haber estado viviendo por encima de nuestras posibilidades, eran ridículamente bajos.

Los salarios en la UE, en el año 2007 (el último disponible) muestran esta disparidad. Mientras en España el salario medio era de 21.890,7 €, en Francia era de 32.413,4, en Reino Unido de 46.050,5 € y en Alemania de 40.200 €. Es decir, que con una riqueza nacional per cápita un 45% superior a la nuestra, los trabajadores ingleses han estado cobrando más del doble que los españoles. Comparados con los franceses, por cada 2 € que gana un trabajador español, el francés ha estado ganando 3, pese a que la riqueza nacional per cápita para repartir en Francia es tan sólo un 29% mayor que la española. El caso más dispar es el de Alemania, con un PIB per cápita un 33% más alto que el español y unos salarios que casi doblan a los de nuestro país. La comparación es válida en términos de poder de compra real, pues este afecta en la misma medida al PIB que al salario.

Esto respecto del salario directo, pero si observamos el salario indirecto (las prestaciones del estado del bienestar) los datos son también demoledores. El año 2007, después de sus ya generosos salarios, los británicos recibieron, de las arcas del estado, el equivalente al 5,4% de su PIB en concepto de educación; los alemanes el 4,5% y los franceses el 5,6% del PIB. Los españoles, tan sólo el 4,3%. Es decir, que España fue el país en el que menos riqueza nacional se devolvió a la ciudadanía en concepto de gasto educativo.

Francia cuenta con 700 camas de hospital por cada 100,000 habitantes, y Alemania con 823. Mientras tanto España, con tan sólo 330, tiene severos problemas de lista de espera hospitalaria. En esto coincide con Gran Bretaña, con 348 camas cada 100.000 habitantes. Está claro que los servicios públicos no han sido tampoco una fuente de despilfarro. No, tampoco los servicios públicos justifican el tan cacareado "haber vivido por encima de nuestras posibilidades". De hecho, para el nivel de riqueza que genera España (vuelvo al PIB por habitante) resulta sorprendente el grado de subdesarrollo de algunos indicadores. Así, contamos con apenas 30 metros de ferrocarril por cada Kilómetro cuadrado de territorio, mientras en Francia son 45, en Inglaterra 68 y en Alemania 117 (el cuádruple). Respecto a las nuevas tecnologías, en España el 40% de la población no tiene acceso a internet, mientras en Francia este porcentaje se reduce al 30%, al 20% en Alemania y al 18% en Gran Bretaña. Recordemos que el PIB per cápita de estas naciones no se encuentra tan lejos del español.

En síntesis, el gasto público del Estado español está 10 puntos del PIB por debajo de la media comunitaria. Es decir, que el resto de miembros de la Unión Europea dedican un 10% más de su respectiva riqueza nacional a servicios y políticas públicas, de lo que lo hace España. Visto de otra forma: los trabajadores y trabajadoras españolas recibimos un 10% menos en la distribución de la tarta de la riqueza nacional de la que recibiríamos si en España se distribuyera, proporcionalmente, de forma similar a como se hace en el resto de Europa. Teniendo esto en cuenta, es una verdadera desvergüenza decirnos a los trabajadores españoles que hemos vivido por encima de las posibilidades que teníamos como país.

Para colmo, esa acusación de la supuesta buena vida que nos hemos estado pegando los españoles, causa y origen de este castigo divino que ahora padecemos, ignora también otra realidad: la de la jornada de trabajo. El informe 2010 de la Uinón Europea, refleja con claridad que España es (para los empresarios) el paraiso de las relaciones laborales. Los españoles trabajamos más horas que la media de los trabajadores de la Unión Europea y los costes salariales se encuentran manifiestamente por debajo. Observando los mapas de EUROSTAT, cuesta trabajo encontrar un país sonde se pueda encontrar un trabajador que, cobrando menos que uno español, trabaje más horas. ¿Hemos vivido por encima de nuestras posibilidades?


Si el PIB per cápita no se ha estado repartiendo en forma de salario ni en forma de gasto público del estado ¿Dónde ha ido a parar? Si no lo hemos gastado ni los trabajadores ni el Estado ¿Dónde está? Evidentemente, en manos del capital. Si de nuevo la comparación con el resto de estados de la UE nos tiene que llamar la atención, es a la hora de comparar los beneficios empresariales. El profesor Vincens Navarro denunciaba en 2007, en su trabajo "Los salarios en España" que Entre 1999 y 2006, las empresas españolas han visto aumentar sus beneficios netos un 73%, más del doble que la media de la UE-15 (33,2%) o de la zona euro (36,6%)". Incluso en la actualidad, en los momentos más duros de la crisis, la gran empresa no deja de registrar grandes beneficios, acumulando capital mientras 5 millones de trabajadores no encuentran un empleo ni un salario y reciben como única explicación la de que "habían vivido por encima de sus posibilidades". Toda esta ganancia que acumula el capital en forma de beneficios, es renta que no queda disponible para hacer funcionar la economía. Máxime cuando estos beneficios se derivan hacia el sector financiero, con un nivel de inversión productiva en España (y no digamos ya de I+D) ridículamente bajo comparado con el del resto de Europa.

Se trata de domesticarnos, de que asumamos como una verdad lo que no es más que una consigna de las clases dominantes. Que asumamos nuestra "culpa" (Luis García Montero lo expuso hace unas semanas de forma inmejorable en su columna de Publico: "Levántese los acusados"). Se trata de que, en consecuencia, procedamos a autocensurar cualquier atisbo de rebeldía.

Es hora de decirlo claro. En España, lo que ha pasado es que se ha acumulado por encima de las posibilidades de la economía, se ha explotado a los trabajadores, al suelo y al sistema productivo por encima de lo que era posible, de lo que era sostenible, de lo que era responsable. La asfixia de los trabajadores trae como consecuencia esta crisis, que es una crisis de demanda, de paro, de pobreza. Es hora de que nos devuelvan lo que es nuestro.

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