16 de abril de 2012

Ser divinos o pactar con el diablo.

Saber diferenciar en estos momentos un pacto de una alianza es tan importante como saber distinguir la moral esencialista (común a religiones y fuerzas conservadoras tradicionales) de la ética utilitarista (propia del liberalismo) y ambas de la ética marxista.

Un pacto es un acuerdo coyuntural, basado en el cumplimiento de determinadas acciones. Un contrato. Un intercambio. Pueden pactar amigos o enemigos, rivales, competidores... policías con secuestradores, campesinos con ganaderos, putas con monjas y Molotov con Ribentrop. Siempre en función de una circunstancia externa. Cada uno de los que firma el pacto entiende que va a salir más fuerte, o siquiera menos débil de su cumplimiento que si, simplemente, aceptara pasivamente la inevitabilidad de las circunstancias externas. Los pactos son siepmre tácticos.

Una alianza es otra cosa. Se da entre sujetos que comparten un proyecto vital, sus objetivos a largo plazo. Se comprometen en la alianza las esencias y bases de los dos sujetos. De hecho, cada uno de los contrayentes asume que su naturaleza va a salir transformada del proceso, porque por la alianza surge una nueva entidad, mayor que la suma de sus componentes. Alianzas son los matrimonios, La Unión Europea, La OTAN o el Partido de la Izquierda Europea. Las alianzas son, por naturaleza, estratégicas.

Escucho valoraciones sobre el posible acuerdo IU-PSOE en Andalucía que utilizan la palabra Pacto, pero lo que valoran es una alianza. Una alianza que nadie está proponiendo. Se plantea así un debate equivocado (o manipulado)

Escucho valoraciones sobre ese posible acuerdo basadas en la moral de las esencias, de la pureza ¿Es que ahora el PSOE es ya bueno? ¿Es que ahora IU se ha vuelto una fuerza prosistema? ¿Vamos a renunciar a décadas de coherencia? ¿¿?? Hay que ser extremadamente conservador, y tener el cerebro inundado de moral judeocristiana para emplear esos criterios. Escucho otras valoraciones basadas en la ética utilitarista ¿Vamos a ganar votos? ¿A perderlos? ¿Cuánto presupuesto se puede gestionar? ¿Cuáles serían las consecuencias para X de que hagamos Y? Este tampoco es el tipo de criterios con que debemos afrontar el posible pacto.

Desde el punto de vista marxista sólo cabe un criterio ético: el de la lucha de clases. Es éticamente correcta aquella línea de acción que más favorezca a la clase trabajadora en la correlación de fuerzas frente al capitalismo.

Estamos viviendo una ápoca de agresiones sin precedentes contra los trabajadores. Agresiones que emanan de Madrid y Bruselas con la pretensión de extenderse hasta Andalucía. IU tiene la responsabilidad de usar la mejor arma revolucionaria que en estos momentos tiene a su disposición: el gobierno de la Junta de Andalucía, para fortalecer a la clase trabajadora frente a esas agresiones.

A través de un pacto con el PSOE podemos acceder a herramientas presupuestarias y de poder que nos permitan:
  • Dar derecho de interlocución y codecisión a las organizaciones sociales y ciudadanas frente al poder.
  • Regenerar las instituciones limpiándolas de corruptos (y sin dejar entrar a otros).
  • Influir en la formación ideológica de una generación de estudiantes, parados y obreros.
  • Fortalecer a las organizaciones agrarias.
  • Crear una entidad financiera pública bajo control democrático.
  • Garantizar los servicios públicos, gratuitos, universales y de calidad para todos los trabajadores.
  • Democratizar los medios de comunicación en Andalucía (RTVA, medios comunitarios, derecho de acceso...) frente al monopolio capitalista que pretende el PP.
  • Sentar las bases para un modelo de desarrollo productivo sostenible que priorice la economía real y margine la especulación.
Después de 4 años, los trabajadores y trabajadoras de Andalucía, tendrán más fuerza para construir el socialismo si IU está en el gobierno que si se lo dejamos sólo a un PSOE que puede pactar 3 de cada 4 leyes con el PP (como ya hicieron en la época de la Pinza). Por tanto, lo correcto es pactar. Pactar con el diablo. Como siempre.

Me permito una reflexión autobiográfica:

Hace 20 años hice un pacto. Pese a declararme objetor de conciencia, entré, como parte del personal de la Agencia Estatal de Meteorología, a trabajar en una oficina meteorológica, dentro de una base militar. El salario y el abundante tiempo libre me permitían dedicar gran parte de mis esfuerzos a la movilización social: los barrios excluidos, la defensa de los derechos de los inmigrantes, el movimiento contra la deuda externa, los foros sociales, el movimiento antiglobalización, las plataformas contra las guerras de Yugoslavia, Afganistán o Irak... mucho más recientemente, trabajar el equivalente a una dedicación exclusiva de 40 horas semanales a la coordinación de IU sin costarle un euro a la organización o a la ciudadanía.

Tuve en aquel momento tentaciones de dejarme llevar por otros criterios. De haber adoptado una postura de pureza, de radicalidad basada en la irreprochabilidad ejemplar de la propia conducta. Tenía desde luego una educación en la tradición de la moral católica que me impulsaba a ello.

Nunca he considerado que tenga establecida una alianza con el Ejército, pero si un pacto con mis propias circunstancias. Un pacto que me ha permitido durante 20 años ser, en la práctica, un medio liberado para los movimientos sociopolíticos en Granada. ¿Cómo evaluar el pacto? Desde luego, a favor de la izquierda. Es mucho más lo que mis ideas, mis causas y mis objetivos sociales y políticos han recibido que lo que he entregado en ese pacto.

Todos tenemos pactos. Estamos contra la banca, pero firmamos hipotecas. Defendemos el transporte sostenible, pero tenemos coche y enchufamos nuestros equipos a la red sin poder evitar que consuman watios producidos en centrales nucleares... No renunciamos a nuestros objetivos ni ideas, pero tampoco vamos a renunciar a trabajar por la transformación del mundo desde dentro de este mundo y con las herramientas que tenemos a nuestra disposición.

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