22 de abril de 2013

La especulación de nueva generación ya está entre nosotros

¿Cuánto vale un paisaje? ¿Un paraje exclusivo? ¿Un ecosistema frágil y único? Mucho. Suficiente para que el capital vea nuevas oportunidades de negocio en ellos. Suficiente para que la derecha política le haga el trabajo al capital y los privatice.

Hablo de Parques Nacionales que se quieren convertir en columpios (Sierra
Nevada) o en los que se pretende extraer gas reventando su subsuelo (Doñana); de playas que se quieren urbanizar hasta a 20m del mar o de espacios agrícolas excepcionales amenazados de una nueva oleada de crecimiento urbano...

La crisis es la excusa perfecta: "no corren tiempos para andarse con finuras"; "lo primero son los parados"; "crear riqueza es lo primero"; "lo importante ahora mismo es buscar proyectos de desarrollo"... etc.

Lo cierto es que, acabada la fase de la especulación extensiva, ahora entramos en otra de nuevo tipo: la especulación de nueva generación es intensiva. Ya no se trata de macrourbanizaciones en mitad de ningún sitio. La nueva especulación se centra en la apropiación y explotación de recursos únicos, exclusivos, privilegiados. Estos recursos son bienes públicos, que disfrutamos (muchas veces de forma gratuita) la práctica totalidad de la ciudadanía... pero la ley del mercado es inexorable ¿Cómo dejar que sea gratuito y de acceso universal algo por lo que determinada capa social estaría dispuesta a pagar por poseer parcialmente?

Ya empiezan a aparecer en las mesas de las Consejerías, de los Ayuntamientos, de las Diputaciones, los nuevos prototipos de la nueva oleada de la cultura del pelotazo: hoteles de lujo en terrenos protegidos, campos de golf rodeados de chalets en parajes privilegiados, proyectos extractivos incompatibles con la vida natural... trasvases de agua que trasvasan el desarrollo, el empleo y la agricultura de comarcas enteras hacia terrenos de mayor (y más privada) plusvalía.

Construir hasta 20 metros de la línea de costa es, en la práctica, privatizar kilómetros y kilómetros de playa, que serán inaccesibles, excepto para los pocos privilegiados que se compren allí una propiedad. ¿Llegará un momento en que tengamos explicar a nuestros incrédulos nietos que de pequeños íbamos a bañarnos gratis a la playa porque era de tod@s? Que el PP pretenda enmendar la ley para hacerlo posible deja bien claro dónde tiene sus prioridades este partido, cuáles son sus intereses y para quién trabaja.

La decisión, valiente, de la Junta de Andalucía, de paralizar el proyecto de gasoducto en Doñana, viene a demostrar que al final de todas estas decisiones está la política. Que no es lo mismo un gobierno (el central) dispuesto a vender el patrimonio público al mejor postor, al grito de "pan para hoy y hambre para mañana", que otro (el andaluz) que opte por proteger ese patrimonio público natural. Sólo por este tipo de cosas ya vale la pena que IU se decidiera a formar gobierno con un PSOE que de estar sólo jamás se hubiera atrevido a plantar cara a un proyecto (no lo olvidemos) apadrinado por el mismísimo Felipe González.

La especulación no es cosa del pasado. Está de nuevo aquí, entre nosotros, y viene con fuerzas renovadas. Traerá, como antes, corrupción, subdesarrollo (desarrollo con piés de barro), desigualdad y depredación ambiental. Por nuestro bienestar y el de nuestr@s hij@s, como siempre, tendremos que estar ahí para combatirla.

Al final todo dependerá de la política, de todas las formas de acción política.

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