26 de julio de 2014

Muerte y vida de las grandes ciudades

Los diseños urbanísticos que llevamos años aplicando están acabando con nuestras ciudades, que se están convirtiendo en espacios decadentes, grises y deshumanizados.

Acabo de terminar la lectura atenta de "Muerte y Vida de las Grandes Ciudades" de Jane Jacobs. Esta entrada es para recomendar fervientemente su lectura a cualquier persona interesada en el buen funcionamiento de su ciudad. Desde la seguridad a la movilidad, de la vida comercial a la participación ciudadana o la cohesión social, todas los elementos cruciales de la vida de una ciudad son analizados en esta obra. La autora nos demuestra que todos ellos quedan en buena medida determinados por el diseño urbano.

La obra es ya un clásico, publicado por primera vez en los años 60 y enfocado en la realidad norteamericana, pero leyéndolo, y a la luz de los ejemplos de verdadero despropósito urbanístico que denuncia, parece que lo hubiesen escrito ayer tras darse una vuelta por los bodrios urbanísticos que se han perpetrado en Madrid, Sevilla, Granada o Valencia.

Jacobs fue una importante activista, defensora de la ciudad frente a la especulación en el Nueva York de los años 50, 60 y 70. Lo que este libro viene a decir, con gran riqueza de ejemplos, razonamientos y contraejemplos, es que una ciudad verdaderamente no es un montón de edificios entre los cuales se mueve la gente, sino un entramado de espacios públicos tan atractivos, que la gente quiere vivir y trabajar en ellos.

Para que el espacio público funcione, se necesita, en resumen, cumplir cuatro condiciones de la mejor manera posible:
  1. Manzanas pequeñas, con muchas esquinas y alternativas en el recorrido.
  2. Una densidad de población potente, sin llegar al hacinamiento.
  3. Variedad en la antigüedad y calidad (valor) de los edificios.
  4. Mezcla de usos (residencial, servicios-laboral, comercial, administrativo) en el mismo espacio.
Si pensamos en las animadas zonas del centro de cualquier ciudad, las que mejor funcionan como barrio (los ensanches de Barcelona o Madrid, o los que fueron en su origen buenos barrios obreros como el Zaidín en Granada o Moratalaz en Madrid), veremos que cumplen en alto grado al menos 3, si no 4 de estas condiciones. Y que funcionan mejor cuanto más las cumplen.

La mezcla de usos asegura la animación a distintas horas del día y la semana y, unida a la alta densidad de población y a la abundancia de calles (manzanas pequeñas) hace intensa la vida en las aceras y con ello uso comercial de los bajos de los edificios, lo que, a su vez, multiplica el número de usuarios de la calle. La diversidad en el valor y estado de amortización de los edificios, finalmente, permite su renovación progresiva "orgánica" y no catastrófica.

Es justo lo contrario de la mayoría de los desarrollos urbanos que hemos visto en las últimas décadas, al amparo del culto al automovil y, sobre todo, de la codicia de los promotores y dueños de suelo, deseosos de realizar el mínimo posible de cesiones de suelo para viales, equipamientos u otros usos.

Macromanzanas de más de 100 metros de fachada, monocultivo del uso residencial, segregado de ese monstruo antiurbano que es el centro comercial, gigantescas urbanizaciones de acosados (perdón, adosados) con una densidad de población ridícula... parece que alguien se leyó el manual de como construir la anticiudad y decidió aplicarlo.
 
Los diseños quedan preciosos en los dibujos, pero en esas calles, sin comercio viable ni otra razón para recorrerlas que ir expresamente al domicilio, el peatón está sólo, desprotegido, es invisible. Por falta de densidad, el transporte público es inviable mientras el coste de mantenimiento, iluminación, limpieza y seguridad se dispara... a la par que se condena a los residentes a depender del coche hasta para ir a comprar el pan.

No voy a reproducir aquí el libro entero, pero os recomiendo de veras su lectura. Los capítulos finales dedicados a analizar las políticas de promoción de vivienda social o la regeneración de barrios olvidados, así como el papel de "termita" que hace la proliferación de cesiones al automóvil son de una calidad y actualidad inmejorable.

Termino subrayando la íntima conexión de la defensa de la ciudad que hace Jacobs, con la defensa a ultranza del pequeño comercio, de la tienda de barrio. que esta realizando IU desde el gobierno de Andalucía. Las tiendas de barrio ofrecen todo un catálogo de servicios públicos que van mucho más allá de la venta de productos. Quienes las atienden, se constituyen en "personajes públicos informales" que ejercen funciones de vigilancia pasiva, información práctica, cohesión social y, sobre todo, generación de diversidad en manzanas, calles y barrios que, de lo contrario, serían simplemente almacenes nocturnos de personas.
Jane Jacobs

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