31 de agosto de 2015

Otro otoño más o el del cambio histórico. Unidad Popular

Este otoño todo puede seguir igual o puede traer un cambio en España como no conocíamos desde la muerte del dictador en 1975. Este otoño será determinante para esa mayoría de españoles que sólo han conocido recortes, mal gobierno, empobrecimiento y corrupción desde antes incluso de que empezara esta crisis-estafa hace ya siete años.

Las palabras clave son Unidad Popular. El objetivo en el que están empeñadas Izquierda Unida, junto a otras fuerzas políticas, pero que están protagonizando mujeres y hombres que se han alzado y han dicho "ya está bien".

Comenzará el curso con unas elecciones en Cataluña marcadas por el proyecto independentista. Una situación provocada por un doble oportunismo: por un lado el del patrioterismo de pandereta y cuenta en Suiza del PP, que desde Wert a Rajoy ha provocado el sentimiento de rechazo en el pueblo catalán; por otro, el de la burguesía catalana, que ve en la independencia el mecanismo para enriquecerse aún más gracias al control de su propia política fiscal y de gasto público. Ambas opciones, sin embargo, representan más de lo mismo para las clases populares catalanas: ausencia de democracia, explotación, desigualdad y empobrecimiento. La única alternativa es la Unidad Popular.

En octubre, los movimientos sociales y políticos que rechazamos el austericidio y los recortes, que reclamamos un proceso constituyente, confluimos en una nueva convocatoria de las marchas por la dignidad. Sólo el hecho de que millones de personas se movilicen en pleno siglo XXI en España reclamando pan, techo, trabajo y dignidad, ya demuestra de por sí el fracaso de este sistema. Las marchas de la dignidad serán un éxito, sobre todo, si sirven para alimentar la alternativa: la Unidad Popular.

En noviembre o diciembre, las elecciones generales arrojarán la respuesta de los españoles a la gran pregunta política de este tiempo: ¿Queremos que todo siga igual? Si votan mayoritariamente a PSOE, PP o Ciudadanos, la respuesta está clara. El pueblo español se habrá dejado engatusar para que siga dirigiendo nuestras vidas desde la sombra el selecto club de banqueros y grandes empresarios que llevan décadas dictándole al oído las leyes a nuestros gobernantes. Pero hay otras opciones, como han demostrado barceloneses y madrileños en las elecciones municipales... El pueblo puede ganar, agrupado en listas de Unidad Popular con un programa de mínimos: lucha contra la corrupción, métodos de democracia directa, redistribución de la riqueza, inversión para el desarrollo económico, gasto público ordenado, fin del despilfarro... Es posible.

Como granadinos, a partir de ahí, se abrirá (o no) un nuevo tiempo en un año en el que pasarán otras cosas secundarias pero importantes a nivel local: debería llegar el AVE en 2016; el Metro podría estar funcionando esta navidad si el PSOE quiere; la protección y creación del Parque Agrario de la Vega de Granada, comprometidas en la anterior legislatura andaluza, deberían ver la luz. Pero hay muchas otras asignaturas pendientes: tren a la Costa, desarrollo de las energías renovables, lucha contra la exclusión, apoyo a la agricultura, recuperación del patrimonio, etc, que llevan décadas postergadas con los gobiernos del bipartidismo. Serán posibles, permítanme que insista, con el gobierno de la Unidad Popular.

 

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