19 de septiembre de 2015

Mujeres asesinadas: la punta del iceberg machista

Un hombre que no se sienta superior ni dueño de la mujer que tiene al lado, jamás podrá ser autor de un asesinato machista.

El Área de mujer de IU Granada ha elaborado una batería de medidas dirigidas a erradicar la violencia de género de los pueblos y ciudades donde gobierna la izquierda. Es un programa ambicioso que me parece especialmente bien orientado, porque se dirige a las causas últimas de la violencia contra las mujeres.

No se trata desde luego de hacer declaraciones institucionales para que consten, ni de decir una y otra vez muy alto que hay que acabar con "la lacra". Pero tampoco basta con las muy necesarias medidas de emergencia para atender a las mujeres que ya han quedado atrapadas en las redes de sus victimarios... Aquí tenemos un problema de fondo que hay que afrontar. Porque el machismo es un problema de derechos humanos

El machismo, como modelo étnico, antropológico, muy por debajo de lo cultural, que establece el papel intrínseco de supeditación de la mujer al hombre, es lo que debe ser erradicado. Y nuestra sociedad no sólo no lo está combatiendo con la intensidad necesaria. Es que cada día, a cada hora, lo reproducimos y reforzamos con miles de mensajes que graban a fuego en las nuevas generaciones esa cosmovisión del yo: un yo dominante para los machos; un yo dominado para las hembras.

¿Qué sentido tiene una hora semanal o un voluntarioso barniz de coeducación en el instituto si no ponemos freno a las decenas de horas semanales de educación machista que ingieren de media nuestros adolescentes? Del perreo al gran hermano, del sálvame al hormiguero; las discotecas en las que las chicas entran gratis, la publicidad reforzando estereotipos... la imagen esforzada de los costaleros y detrás, limpias y bellas, las mantillas; la mujer, siempre cuidada, salvada y guiada sabiamente por su macho en todas y cada una de las películas y series de éxito; el futbolista y su modelo... los mensajes son sutiles. Pero están ahí. Compruébese en los roles de los protagonistas en las principales sagas cinematográficas de éxito de la última década. El hombre lidera y protege. La mujer espera y ofrece cuidados.

El carácter comercial de la comunicación de masas, hace que sus contenidos sólo busquen la identificación fácil y superficial con el espectador (mantener lo más eficazmente la conexión para poder colarle rápido la publicidad). Sobre todo del espectador adolescenmte, futuro consumidor al que captar. De ahí que alimenten en perfecta resonancia tópicos, lugares comunes y contravalores, más seductores y atractivos que el pensamiento racional o los valores, que nos sacan de nuestra zona de confort. Que nos interpelan, como siempre hace todo aquello destinado a elevarnos. Urge una intervención de género sobre la comunicación de masas. Algo, por cierto, imposible en el marco capitalista.

Nuestra institucionalidad está plagada de micromachismos ("ya le paso con mi secretaria"). A veces de macromachismos, como demuestra el escándalo insoportable de un jefe de estado que pasa por delante de una mujer en la sucesión al trono, pero se acompaña de otra para cubrir esas facetas no apropiadas para un hombre: UNICEF, la Cruz Roja, etc. Es decir, la faceta de los cuidados (sus labores). Por no hablar del estatus de las mujeres en la mayoría de las organizaciones religiosas.

Pero el mal es más profundo. He sido testigo durante años de un ritmo de vida en la participación política incompatible con las labores reproductivas: reuniones hasta las tantas, almuerzos de trabajo (¿y quién pone la comida?) y agendas que manifiestan un total desprecio por cualquier forma de calendario doméstico. Hasta las formas de la política y las prioridades que se marcan reflejan una mentalidad machista: se prioriza la intervención con fuerza sobre la prevención eficaz; se valoran los gestos de autoridad sobre la resolución hábil y la brillantez del enfrentamiento al entendimiento fructífero.

Modestamente, el programa que se ha planteado estos días, incide en estas cuestiones: dando la voz a las mujeres en los pueblos, con representación pública y participación activa, incidiendo en programas de coeducación, comprometiendo presupuestos para acciones transversales en materia de género, introduciendo la reserva de puestos de trabajo y la valoración de la implicación empresarial por la igualdad en la contratación pública, anunciando programas de educación social en igualdad... los próximos años van a ser de intenso trabajo en muchas áreas del gobierno local. Esperamos que también en esto se distinga, dentro de 4 años, los lugares donde ha gobernado IU porque están algunos pasos más cerca de erradicar la violencia de género.

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