7 de abril de 2017

El partido que queremos

En puertas del Congreso del Partido Comunista en Andalucía, se han lanzado varios nombres para encabezar la nueva dirección, pero poco o nada sabemos del proyecto de trabajo que tales candidaturas y sus equipos plantean. Se aduce que la línea política ya se ha marcado en la primera fase del congreso. En consecuencia, bastaría ahora con un congreso "de trámite" casi sin debate.

Este es un argumento falaz, pues precisamente por lo trascendente del momento político, se echa en falta la expresión precisa y honesta de qué se quiere hacer y de cómo se quiere hacer: pasar de las declaraciones nominales de principios y objetivos aprobados en la primera fase del congreso, a la propuesta operativa de planes, métodos de trabajo y modelos organizativos, así como de las prioridades internas y externas, a raíz del análisis de la realidad concreta. ¿Es mucho pedir?

Yo, a ese ejercicio, le llamo identificar el partido que queremos.

En síntesis, el partido comunista que queremos es una organización de militantes implicados en la construcción de una red de sujetos revolucionarios con perspectiva de clase.

Vayamos por partes:

1. El Partido que queremos.
Porque no es el que tenemos. Desde hace años el partido no viene haciendo su trabajo. Hace cosas, pero son otras cosas. La militancia no está siendo organizada para intervenir en los frentes de masas. Algo imposible, pues tampoco se identifican previamente esos frentes de masas. Las pocas veces que se ha hecho, se ha llevado a cabo de una forma artificial y postiza, pretendiendo sustituir los movimientos con nuevos sujetos en lugar de trabajar y ganar hegemonía desde dentro de los ya existentes.
El partido realmente existente dedica demasiada energía a garantizar la ubicación de sus líderes en las instituciones en lugar de organizar a la clase trabajadora fuera de las instituciones. Demasiada energía a replicar el funcionamiento típico de los partidos del sistema: secretarías idénticas a áreas de elaboración programática, encuentros de cargos públicos, los mismos debates duplicados, los mismos órganos con estructura electoral (circunscripciones)... hasta el punto que son muchos militantes los que acaban preguntándonos: ¿Qué sentido tiene mantener dos estructuras que se dedican a hacer las mismas cosas?
Lo que ocurre, sencillamente, es que en estos momentos el partido comunista no está haciendo el trabajo de organizar a la clase trabajadora. Por eso, este partido que tenemos no es el partido que queremos tener.

2. Una organización de militantes.
La primera tarea del partido es recuperar el valor de su militancia. Nuestros camaradas, cuando se afiliaron, lo hicieron por algún motivo ¿no? Y están insertos en alguna o varias realidades sociales: laboral, de barrio, cultural, educativa... ¿Qué incidencia pueden tener en ese ámbito? ¿Qué capacidad de intervención? ¿Qué inquietudes pueden ser canalizadas por el partido? Que cada cual se pregunte cuándo fue la última vez que un dirigente del partido habló con el o ella y analizaron juntos en qué frente de intervención política o social era más oportuna su intervención.
Dirigentes que en lugar de reunir a la militancia para hablarle, se reúnan con la militancia para escucharla y canalizar a través del partido sus inquietudes y su potencial. Militancia organizada no como reflejo de los órganos de IU (asambleas paralelas) sino en función del sector de intervención política.

3. Implicados en la construcción de una red de sujetos revolucionarios.
Porque el partido no es el sujeto revolucionario. El sujeto revolucionario (cuando exista) será la clase trabajadora organizada en múltiples movimientos, organizaciones y grupos, protagonistas del cambio. No como una amalgama informe, sino como una red cohesionada por un programa y acción comunes. Esos sujetos están naciendo (y muriendo) cada día: en las organizaciones de parados, movimientos estudiantiles, feministas, de barrio, experiencias sindicales, movimientos de precarios, de protesta, de cultura alternativa, solidarios, ecologistas... pero el partido no está en ellos.
Si acaso, existen personas implicadas en esos sujetos que son militantes del partido. Muy distinto a militantes del partido que intervienen desde esos sujetos. Distinto también, como antes decía, a organizaciones creadas sólo con miembros del partido y que se limiten a sumar otras siglas más a la red, pero sin mezclarnos con nadie. Por este camino, cuando llegue el momento revolucionario, nos pillará reunidos.

4. Con perspectiva de clase.
Porque no toda organización ni reivindicación sirve, como tampoco sirve un relato que no refleje la realidad.
La perspectiva de clase pasa por el reconocimiento de la realidad actual, abandonando la repetición, como un mantra, de las categorías y análisis de hace 50, 100 o 150 años. Hoy, la clase es más condición sociolaboral que laboral sólo. Hoy, la clase es más barrio que fábrica.  Hoy, la clase es padecer las consecuencias de la agresión ecológica frente a quienes se enriquecen con ella. Hoy es cuestión de clase la garantía de irrelevancia de una libertad de expresión, acompañada de una comunicación mercantilizada.
Pero la perspectiva de clase quien tiene que tenerla no es un dirigente ni un documento, sino toda la militancia. Adquirir y profundizar en la perspectiva de clase requiere formación y debate político e ideológico. Divulgación de las grandes elaboraciones críticas del capitalismo. También educación de la militancia en la capacidad de análisis de la realidad concreta para guiar nuestra acción.
A todos los niveles, son estas las prioridades que debería marcarse una nueva dirección para guiar el partido en esta nueva etapa. Máxime cuando se anuncian confluencias electorales y sociopolíticas en las que cada vez va a contar menos el logotipo y las siglas y más la claridad de ideas y el prestigio militante de quienes las esgrimen. En las que la hegemonía se va a tener que ganar debate a debate, acción a acción, campaña a campaña… y la disyuntiva no es cualquier cosa, pues la ingente masa de descontentos se tiene que definir entre una serie de reformas radicales que se limiten a reparar el régimen, frente a la construcción del socialismo que defendemos, entre otros, los militantes comunistas.

El partido comunista que queremos es una organización de militantes implicados en la construcción de una red de sujetos revolucionarios con perspectiva de clase.

El partido que queremos es uno capaz de ganar este momento histórico. Ese es el debate y no menos el que nos interesa en esta fase congresual.

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