17 de noviembre de 2018

Plan local de cronificación de zonas desfavorecidas

El señor alcalde y otras instituciones cómplices acaban de presentar un plan contra la exclusión social que no ataca ni una sola de las raíces de la exclusión, pero que va a servir para gastar millones de euros en que las administraciones hagan como que hacen frente al mayor problema social de la provincia. Esto es como el que tiene el motor del coche reventado y le cambia los parabrisas.

Una de las máximas de toda planificación de intervención social que se precie, es que ningún proceso puede llegar a buen término sin la aceptación y protagonismo de sus beneficiarios. Muy especialmente, si éstos no tienen la convicción de que el proyecto en cuestión responde a sus “necesidades sentidas”. Es decir, que haya salido de la gente y de la convicción de esa misma gente de que esas actividades que se van a desarrollar son las que van a mejorar sus vidas.

No es fácil, lo sabemos, trabajar así. Requiere mucho diálogo, mucho trabajo entre el colectivo y los técnicos de las administraciones o sus agentes privados (las asociaciones y ONGs) para que los intereses confluyan y las buenas intenciones deriven en un proyecto verdaderamente viable. Que aúne el sentir de la gente que quiere transformar su realidad y el conocimiento y saber hacer técnico de los profesionales de la intervención.

Nada de esto está ocurriendo en Zona Norte. Lo que se está haciendo es todo lo contrario. A lo largo de estos meses se nos ha reunido a unas pocas decenas de vecinos para intentar convencernos de que el Plan Local de Inclusión Social que han diseñado los técnicos municipales, junto con los de las asociaciones que han hecho de la intervención en el barrio su profesión, es lo que necesitamos.

No es así. Si hubieran preguntado a los vecinos y vecinas del barrio antes de ponerse a hacer un plan, habría salido que lo primero que necesitamos es empleo, lo segundo empleo y lo tercero empleo. Y después formación profesional de calidad para el empleo adaptada a las características de la gente del barrio. Y seguridad ciudadana, mejora de las viviendas, ordenación del espacio público, más servicios públicos, desde bibliotecas a servicios de urgencias, mejor transporte público…

Pero el plan que se nos pone encima de la mesa, según el marco diseñado por la Junta de Andalucía, lo único que incluye es la contratación de profesionales del trabajo social y la educación social. Para educarnos en la multiculturalidad y la convivencia, la intervención social comunitaria, la cohesión social… ¿En qué puesto cree la Junta de Andalucía que habríamos puesto los vecinos estas necesidades si nos llegan a preguntar?

Los problemas de convivencia y de desestructuración social que tenemos en el barrio los ha creado el paro, la pobreza y la desigualdad que padecemos ¿Qué van a hacer? ¿Educarnos para que aprendamos a convivir con esa realidad? ¿No tendría más sentido cambiarla? Solo una linea del plan habla de desarrollo económico, pero el plan solo prevé como herramientas la contratación de educadores y trabajadores sociales ¿Nos puede explicar alguien cómo va a mejorar el desarrollo económico del barrio la contratación de estos profesionales?

El problema es que, después de 50 años de malgobierno, la transformación integral del barrio requiere de inversión pública de verdad: en equipamientos, en educación, en formación laboral, en zonas verdes y transporte público… y en lucha contra un crimen organizado que se tolera con la complicidad de las administraciones para que así se quede donde menos molesta a las capas más acomodadas de votantes. Y como para acometer esa transformación integral no hay ni dinero comprometido ni ganas de comprometerlo, se hacen estos planes cosméticos, con unos fondos ridículos que sólo sirven para entretener a los pobres y no llegan ni para hacer la miseria sostenible.

No queremos con esto descalificar ni a los técnicos municipales ni a los de las asociaciones. Hacen lo que pueden con un plan diseñado desde un despacho en Sevilla, en aplicación de una directriz lanzada desde Madrid que adapta las prioridades de un programa redactado en Bruselas… unos tras otro elaborados por personas que, salvo accidente, en su vida han vivido o tan siquiera visitado el barrio.

Como estos planes se pueden vender mejor políticamente si se dice que se han hecho “con la participación de la ciudadanía” nos han reunido un par de tardes durante hora y media, han escuchado nuestras quejas, nuestra frustración por otro plan, otro, que tampoco obedece a las necesidades reales del barrio y han hecho la foto de rigor para poder meterla en el proyecto con la etiqueta “participación” debajo.

Pregunten a cualquier residente en el barrio. Lo que se reclama es un plan de verdad. Hecho desde abajo, con el compromiso previo de las distintas administraciones que defina un techo de gasto para varios años y, con ese marco, que los vecinos y vecinas seamos escuchados por los técnicos del Ayuntamiento, de la Junta y de las asociaciones para redactar poco a poco, todas juntas, el verdadero plan que responda a las necesidades de la gente del barrio, a nuestras capacidades y a nuestros deseos de mejorar la Zona Norte y las vidas de sus gentes, que son muchas. Eso no puede hacerse ni a corto plazo, ni con prisas, ni sin medios ni sin ambición política. Eso es lo que echamos en falta. Ambición de la buena para la Zona Norte, donde viven los obreros víctimas de la lucha de clases.

15 de noviembre de 2018

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