2 de agosto de 2013

¿A quién beneficia el pacto de gobierno en Andalucía?

Desde hace algunos meses, vengo escuchando a determinados detractores del pacto de gobierno andaluz ubicados en una autoproclamada "izquierda", un argumento según el cual, dicho pacto de gobierno entre IU y PSOE estaría sirviendo para salvar al PSOE de la debacle electoral.

Según quienes esgrimen este argumento, el pacto en Andalucía, le estaría sirviendo al PSOE andaluz para revestirse de una legitimidad de izquierda que estaría evitando en Andalucía el desplome en intención de voto que se da en el resto de España. En Andalucía, por tanto, el pacto estaría sirviendo para amortiguar la ruptura del bipartidismo que sí se da en el resto de España.

Este argumento es falso, además de erróneo políticamente.

Es falso, porque no resiste la comparación con los fríos númeos de las encuestas. Propongo para verificar el argumento, comparar las encuestas de otoño de 2011 (vísperas de las elecciones generales) con las recién publicadas este verano. Este periodo es el del desplome del bipartidismo por acumulación de la decepción ciudadana ante el modelo PPSOE que simbolizó a la perfección la reforma constitucional. Asimismo, tomo como fuente dos de las encuestas más serias que conozco: la del CIS a nivel estatal y la del CADPEA a nivel andaluz.

Según el CIS el PSOE habría pasado de 29,9% a 27,2% de estimación de voto entre octubre de 2011 y julio de 2013 en unas elecciones generales. Asimismo, según el CADPEA, en Andalucía, y también en unas elecciones generales, el PSOE pasaría de 37,6% a 36% en el mismo periodo... una caida de 2,7 puntos en un caso y de 1,6 puntos en el otro... una mísera diferencia que dificilmente puede permitir sacar la menor conclusión. Máxime considerando los márgenes de error de las propias encuestas.

Por cierto, la estimación de voto a IU sigue también una evolución similar en ambas encuestas, pasando de 6,2% a 11,5% para el conjunto del estado en el caso del CIS, y de un 9% aproximadamente a un 18,7% en el caso del CADPEA en el conjunto de Andalucía.

En todo caso, cabría atreverse a declarar que alguna percepción positiva para el electorado de izquierda tendrá el papel de IU en el cogobierno andaluz, para que IU disfrute de una estimación de voto 7 puntos por encima en Andalucía de la que se le calcula para el conjunto del estado.

Por tanto, es falso que el cogobierno en Andalucía esté frenando el deterioro político del PSOE respecto del que se da en el resto de España.

Pero además, este argumento es erroneo desde la pura política.

Las organizaciones políticas no son fines en sí mismas, sino instrumentos. Los militantes del PCE, recalcamos, además, instrumentos de clase. ¿Cómo puede cuestionarse la validez de un pacto con una fuerza política argumentando que dicho pacto provoca que ésta fuerza gire a la izquierda? ¿Acaso es eso malo? ¿Acaso valoramos positivamente la deriva neoliberal en la que se ha revolcado la socialdemocracia los últimos 25 años?

Pero sobre todo, lo que debe valorarse son las decisiones políticas, tanto legislativas como de gestión, que el gobierno andaluz y la mayoría parlamentaria que lo sustenta están tomando. Dichas medidas y sus consecuencias para la clase trabajadora.

Si el pacto de gobierno en Andalucía se consuma y se cumple en su totalidad; si terminamos esta legislatura con banco de tierras, banca pública andaluza, una tasa a las grandes superficies comerciales, una ley andaluza de memoria histórica, sentadas las bases de un nuevo modelo productivo andaluz, blindada la población frente a los desahucios, salvados los servicios públicos, modernizado el transporte público... ¿Quién habrá salido ganando con el pacto? La clase trabajadora andaluza, sin duda.

El pacto de gobierno en Andalucía, a quién beneficia es a la clase trabajadora andaluza.

Además, como constatan las encuestas, beneficia a Izquierda Unida. La única fuerza política con representación parlamentaria que tiene como objetivo construir el socialismo. Como hombres y mujeres de izquierdas, esto, para nosotros, es secundario, pero no podemos negarlo, porque es real. Y negar la realidad siempre ha sido mal punto de partida para un revolucionario.