23 de febrero de 2016

Granada: velocidad negativa. Menos un metro por año

El consejero de fomento nos dijo en julio que en el segundo semestre de 2016 tendríamos metro. A primeros de febrero, nos anuncia que estará "en el último trimestre". Yo ya me veía en camiseta en el metro, camino de la piscina de Albolote y ahora resulta que el metro lo estrenaré (con suerte) para llevar a mis sobrinos a la cabalgata de reyes. Seis meses de retraso en seis meses de gestión. A este señor habrá que darle una bandera de Andalucía aunque sea sólo para que se tape la cara.

Estamos en febrero y hace un año que tenía que haber comenzado la selección de personal para el metro; hace cuatro meses que debían haber terminado la fase de formación y el metro debería llevar rodando con normalidad por nuestras calles casi un trimestre. Era el organigrama que tenía aprobado la Junta cuando la Sra. Díaz cesó a los de IU porque le urgía convocar elecciones para dar otro pasito en su plan para ser "el califa en lugar del califa". ¿Qué está pasando?

Lo digo y lo repito: no es sólo culpa de la dejadez del PSOE (que lo es). Se trata, además, de un agravio contra Granada. Se trata de que si nuestro primer tramo de la línea 1 fuera "Dos Hermanas - Triana" en lugar de "Albolote - Caleta", llevaría funcionando al menos 3 meses. Tan cierto como que hay gato encerrado (o leopardo o tiranosaurio, vaya usted a saber) en el tema de los EREs.

También está claro que el proyecto de gestión redactado por la Agencia de Obra Pública de la Junta de Andalucía  (AOPJA) , programó la explotación directa del metro ligero. Esto obliga a comenzar la selección y formación de personal al menos 6 meses antes. Esta selección aún no ha empezado ni se sabe nada de ella. Esto sólo puede explicarse por dos causas problables. La primera (y atención porque es la menos mala) sería que la lentitud y torpeza en la gestión nos llevará a que, a este ritmo, tampoco el metro esté en marcha en 2016. Pero puede ser también que nuestros gobernantes hayan cambiado el criterio y ya la Junta no vaya a hacer gestión directa, sino que piense dar el metro en concesión a una empresa privada, que se enriquecerá a costa de ofrecer peor servicio y cobrar más a los granadinos... Aquí, la luz que aportan los informes de la AOPJA, que avalan la gestión directa es abrumadora... una concesión encarece el servicio de forma brutal (duplicación de costes, margen de beneficio, IVA, etc.)

¿Es esta la razón de fondo que explica que tengan paralizado el metro? ¿Acaso la empresa "amiga" a la que piensan darle el metro para que lo gestione les ha dicho que no le interesa hasta que la línea esté completa? ¿Puede en ese caso decirnos ya el consejero qué empresa es para que nos riamos todos como nos decía la maestra de chicos? Más que nada, porque somos los granadinos y no los políticos del PSOE los que estamos pagando el metro.

Mientras tanto, los granadinos estamos sin metro ni tranvía. También están sin crear los 71 puestos de trabajo que dependen de la primera fase de explotación hasta la caleta... 71 familias granadinas sacadas del paro que parece que no importan a nuestros gobernantes. Pero sobre todo, estamos sin tranvía. Y los efectos son graves. La movilidad en Granada es una pesadilla y tenemos ahí tirada una inversión terminada pero que no quieren poner en marcha por motivos que desconocemos.

¿Qué significa tener el metro parado por capricho? Las previsiones de la AOPJA eran de haber alcanzado en 2015 más de 2 millones de viajeros, sólo en el segundo semestre y sólo con el tramo 1º en explotación. En este 2016 esa cifra se iría cerca de los 5 millones de viajeros. Siempre hablando sólo del primer tramo Albolote-Caleta. Son de  extraordinaria importancia, los ahorros sociales que son la valoraización en € de los costes que ahorra el metro a Granada. Según los informes técnicos (no políticos) de la AOPJA, por cada millón anual de viajeros se ahorran:
  • 100.000 € por no uso del vehículo privado. (menos eficiente)
  • 110.000 € por sustitucón de viajeros del autobús (menos eficiente)
  • 3.600.000 € por ahorro de tiempo.
  • 1.600 € por no emisión de contaminación.
  • 56.000 € por aumento de la seguridad vial.
En total, son 4 millones de euros por millón de pasajeros anual, es decir, 10 millones de euros los que ha perdido Granada en 2015 por la decisión caprichosa del PSOE de no poner en marcha el metro. Y 25 millones a lo largo de 2016.

¿Quién asume la responsabilidad de robar a Granada esos 10 millones de euros? ¿El consejero? Si no el ¿Quién? Si el consejero fuera un político corrupto y metiendo la mano en la caja hubiera robado un millón de euros, pero hubiera puesto en marcha el metro en 2015, le habría hecho la décima parte de daño a los granadinos de la que nos ha hecho paralizando una vez más el metro, como ya hizo el PSOE antes de que IU lo reactivara en 2012.

Repito... no estaríamos hablando de esto si la línea se llamara "Triana-Dos Hermanas"
 

14 de febrero de 2016

Salir de la sociedad de consumo

Aún no hemos salido de la recesión de 2008 ya ya comienza la gran recesión de 2016 "..una regresión social y civilizacional es precisamente lo que nos acecha si no cambiamos de trayectoria... Hemos pasado de una sociedad de crecimiento con crecimiento a una sociedad de crecimiento sin crecimiento..."

Os recomiendo un sencillo librito de Serge Latouche que acabo de terminar "Salir de la sociedad de consumo. Voces y vías del decrecimiento" (Ed. Octaedro) Una introducción a un tema en el que la izquierda clásica se muestra esquiva a entrar, pero que cada vez se hace más ineludible abordar.

Que el crecimiento ilimitado es un quimera es evidente para cualquiera que haya superado con aprovechamiento un curso de introducción a la termodinámica de segundo de bachillerato. La cuestión es ¿Estamos ya rozando ese límite? y si es así ¿Qué hacer?

Todo apunta a que, efectivamente, nos encontramos ya en el límite del crecimiento: el agotamiento de la superficie cultivable, la crisis de la biodiversidad, la contaminación de tierras, acuíferos, océanos y las diversas capas de la atmósfera, el cambio climático, el agotamiento de materias primas, ya sean metálicas, tierras raras o hidrocarburos nos están señalando las fronteras del sistema. Hasta la saturación con basura espacial del espacio exterior cercano empieza a ser un problema.

Lo más aterradoramente esperanzador es que el capitalismo tal y como lo conocemos es incapaz de funcionar fuera de una perspectiva de crecimiento sostenido. Ese es ya el momento que estamos viviendo. De ahí la búsqueda desesperada de nuevos mercados a la que se ha lanzado el capital transnacional (TTIP, privatización de servicios públicos, financiarización de la economía, lucha por los mercados de los países emergentes, etc.)

"El crecimiento es lo que ha hecho que el capitalismo sea soportable. Ha permitido a los países occidentales ahorrarse la revolución, sin enfrentarse al problema de fondo de la repartición y de la justicia... la fiesta se ha terminado. La tarta no puede crecer más"

Es por tanto el momento de plantear sin complejos una salida organizada a la sociedad de crecimiento. Es imperativo, pues la alternativa al crecimiento no es, necesariamente, el decrecimiento. Puede ser un crecimiento negativo, anárquico, destructivo. Un desplome del actual sistema, basado en el crecimiento, que no cuestione las bases del sistema. Un escenario de desigualdad creciente, empobrecimiento de masas, crisis social, ambiental y, en última instancia, civilizatoria... Un barranco resbaladizo hacia una distopía totalitaria y de una inequidad hoy día inimaginable.

El discurso del decrecimiento (relocalizar, reducir, revalorar, reciclar...) viene a engarzar con la tradición de la izquierda clásica, siempre y cuando ésta asuma romper con la lógica del capital. Es la lógica de las 35 horas (que bien podrían ser 30 o 25); de la defensa del transporte público y las zonas comunales; de la reivindicación de la ciudad compacta mediterránea, de los canales cortos de comercialización y el pequeño comercio, de la crítica a las deslocalizaciones y a la concentración de la actividad productiva en pocas manos.

Es necesario, no obstante, dar un paso más. La crisis del crecimiento nos brinda la oportunidad de diseñar una etapa nueva de la humanidad: la de la sociedad del decrecimiento. Consumir menos para vivir mejor; tener menos para ser más; trabajar menos para disfrutar la vida; producir menos para crear más... todo ello obliga a un "pacto" social nuevo. Un pacto en el que democráticamente decidamos qué producir, cuánto producir, cómo producirlo y cómo distribuirlo dentro de un triple equilibrio: en primer lugar un equilibrio social, pues la desigualdad es fuente de competición por la obtención de una mayor porción de bienes; en segundo lugar un equilibrio en el ecosistema. Sencillamente no podemos destruir más bienes de los que se regeneran por unidad de tiempo. Finalmente, sostenible en el tiempo, pues las generaciones futuras también tienen derecho a una vida digna.

Es evidente que una sociedad así, en el que un gran pacto político regule por completo la vida económica, es una sociedad que necesita haber superado el capitalismo. Estamos hablando de control democrático de la economía. Estamos hablando de Socialismo (con mayúscula).

El discurso del decrecimiento es el punto de unión de ecología política y del socialismo tradicional. Toda una oportunidad política para la izquierda de toda la vida, que puede decir con todo rigor, que tiene la alternativa a la crisis global recurrente en que vivimos.

13 de febrero de 2016

Granada: 4 muestras de neofascismo en una semana

Terminamos una semana terrible.En los últimos 7 días se nos han acumulado los siguientes hechos:
  • Un juez con pasado franquista ha detenido en Madrid a unos artistas de Granada por una obra de teatro con marionetas. Por ahora la broma ya les ha costado pasar 5 días de cárcel.
  • El neonazi con antecedentes violentos que amenazó a la exconcejala de IU Maite Molina, anunciándole que "amanecería en cal viva en una cuneta", se va de rositas con una multa de 120€ tras estimar el aparato judicial que los hechos no eran constitutivos de delito, sino una mera falta.
  • Un joven denuncia haber sufrido una paliza en plena calle por el mero delito de ser diferente, de ser transexual. Mientras recibía patadas por todo el cuerpo, tuvo que escuchar que "si Franco estuviera vivo te fusilarían"
  • Aparece llena de pintadas la sede de IU en el Padul, con abundante ostentación del equivalente hispánico de la cruz gamada: el yugo y las flechas que gustaban lucir quienes asesinaban impunemente "rojos" por nuestras calles hace taqn sólo un par de generaciones.
Esto último, obviamente, es lo de menos, comparado con las graves consecuencias personales que han vivido las personas de los otros elementos expuestos. Está en otra escala de magnitud. Especialmente, frente a lo que le ha tocado sufrir al chico transexual, al que le mando toda mi solidaridad.

Es casualidad la concatenación de estos hecho, pero es una casualidad que se hace posible porque este tipo de cosas son cada vez más frecuentes. Porque el fascismo va, lentamente, creciendo en nuestra sociedad. Alrededor nuestro.

Demasiada gente está llena de ira. Se sienten desaprovechados, desperdiciados, minusvalorados, agredidos de forma impersonal por un sistema que les niega el acceso a la felicidad más elemental de realizarse personlamente mediante un empleo y un proyecto de vida... de entre esa gente, la más crítica y segura de sí misma, reacciona analizando el sistema e incorporándose (siquiera anímicamnete) a la militancia política en la izquierda que denuncia la degeneración del régimen y la necesidad de transformarlo.

Pero hay otro perfil: chavales jóvenes con graves carencias que caen seducidos por el discurso de que "el culpable es el otro" No el poderoso; no el que reparte los privilegios y el que hace las normas, sino el que tenemos al lado. El que se parece a fin de cuentas mucho a ti y, de alguna manera, te parece que se cree que tú no eres mejor que él... y entonces crece un sentimiento de odio que, a fin de cuentas, es menos humillante que la frustración y la impotencia de fondo que le hacen nacer.

Pero al margen de las motivaciones psicológicas de estos nuevos fascistas, debemos reconocer colectivamente que hay quienes están divulgando y cultivando el odio como una verdadera planta venenosa. Una sociedad democrática no puede permitir que estas conductas queden impunes. Pero menos aún (aunque sea menos grosera su manifestación) que sean alentadas, cultivadas, fomentadas, desde el poder institucional o mediático. Cuando a un joven transexual le pegan una paliza, cuando amenazan de muerte a un cargo público, cuando se comete una agresión política, detrás de los autores materiales están los propagandistas y predicadores (láicos o religiosos) que han cargado el cerebro de los energúmenos que al final llevan a cabo la acción.

Quienes cultivan el fascismo deben ser identificados y sancionados de forma contundente. Por eso creo imprescindible que se investigue por presunta prevaricación al juez del caso de los titiriteros, porque salvo que se demuestre lo contrario, se ha utilizado el aparato judicial para perseguir una ideología política.

Otra alternativa sería que esta intensísima señoría, tan celosa de proteger la democracia se personara en Granada a investigar a los neonazis que le han pintado la sede a un partido político, protegido por la constitución... voy a esperar sentado.