1 de abril de 2014

3 de abril Todos a la calle.

Los dos mayores sindicatos de clase de España (UGT y CC.OO.) se equivocaron el 22M al no formar parte de la convocatoria. La respuesta de la izquierda política y social es llamarles a la unidad, respaldando con contundencia la convocatoria del próximo 3 de abril "por otra Europa".

Necesitamos la unidad de la izquierda política, social y sindical. Ya no es un anhelo ni una aspiración; ya no es ni siquiera una estrategia. Ahora se trata de salvar nuestras vidas tal y como las conocíamos. De que se parezcan, siquiera de lejos a nuestras vidas, tal y como queríamos que fueran. Se trata de evitar que dentro de una década estemos unos viviendo con pensiones de pobreza y otros condenados a trabajos  por salarios de hambre, con sistemas de salud y educación de pura beneficiencia y con la amenaza permanente de la represión penal y policial en caso de protesta. Algo que es ya una realidad. Porque la salida de la derecha a la crisis no es otra cosa que la crisis permanente.


O creamos nosotros y nosotras otro futuro o ese, sólo ese negro futuro, verdadera distopía, es lo que nos espera.

El 22 M ha sido una respuesta maravillosa. La puesta de largo de la sociedad civil movilizada, que emerge del malestar de la crisis. Una mayoría social que reclama la aparición de una alternativa y que está dispuesta a apoyarla. El discurso político está ya escrito: no a la deuda, no a los recortes, revolución fiscal, revolución democrática, servicios públicos... Ya está el discurso y la masa que lo respalda ¿Dónde está la herramienta política que lo encarne? O concretamos en un bloque sociopolítico unitario, con capacidad de actuar en lo político todo el esfuerzo y el espíritu del 22M, o la marea bajará y la playa quedará tal cual estaba.

Ahora, la Confederación Europea de Sindicatos (CES) pone en marcha una convocatoria de movilizaciones en toda Europa para el próximo 3 de abril. Lo hace en torno a un "manifiesto" muy suave, de perfil bajo, pero que representa un salto de gigante respecto a las políticas que el bipartidismo a encarnado todos estos años. El manifiesto de las CES plantea, resumidamente, los siguientes puntos:
  • Contra los recortes y el austericidio.
  • Contra una competitividad basada en la reducción de salarios.
  • Por un plan de choque por el empleo.
  • Un presupuesto europeo decidido democráticamente.
  • Creación de un "protocolo de progreso social" anexo a los tratados de la unión y que garantice los derechos sociales por encima de las libertades económicos.
  • Refuerzo de la negociación colectiva y revalorización de los salarios.
  • Regulación contra la precariedad laboral. Empleo digno y estable.
  • Regular la igualdad de derechos sociales entre territorios de la Unión y clases laborales.
  • Ofensiva política contra la xenofobia y la discriminación racial.
  • Carta de servicios públicos, accesibles y de calidad en toda la UE.
  • Sistema público de pensiones con financiación garantizada.
  • Política fiscal justa más progresiva y con mayor poder recaudatorio para el estado.
  • Armonización de impuesto de sociedades en toda Europa.
  • Eliminación de los paraisos fiscales.
  • Lucha contra la corrupción y la economía sumergida.
  • Control de los mercados financieros.
  • Reafirmación de los poderes institucionales europeos frente al poder de la Troika.
  • Mayor poder para el Parlamento Europeo.
  • Regular y garantizar el acceso a la información a la ciudadanía.

Es cierto que la CES debería hacer autocrítica y comenzar por pedir perdón a más de 100 millones de trabajadores europeos a los que se supone que representa. Debería pedir perdón por haber apoyado en su día la Constitución Europea, que es todo lo contrario de lo proclamado en ese manifiesto que ahora nos presenta. No obstante, el que no lo haga no se resta ni un ápice de validez al enunciado. Un enunciado que el millón largo de personas que marchamos en Madrid el pasado 22M firmaríamos sin dudar.

Es verdad también que para algunos esta declaración se queda corta: no plantea la nacionalización de sectores estratégicos; no cuestiona la deuda externa ilegítima; no plantea la banca pública, ni la República ni la salida de la OTAN, por decir algunas cosas. No es, en definitiva, el programa de mi organización política. No obstante, es el paso adelante oportuno en este momento para las mayorías sociales que necesitan una esperanza.

Es cierto, finalmente, que las centrales sindicales mayoritarias se equivocaron al no convocar el 22M. Pero nos equivocaríamos también nosotros y nosotras, quienes construimos el 22M, si ahora cometiésemos el mismo error a la inversa, no respondiendo a la llamada sindical. Debemos ir, con convicción, y llamar a las direcciones sindicales al trabajo unitario, a la convergencia que IU lleva teorizando y construyendo desde hace años.

No me cabe duda que las organizaciones sindicales deben haber sacado la lección oportuna del 22M (y en Andalucía, del 28F). Ya no estamos en el S XX. Y no sólo los sindicatos pueden movilizar. Se trata de construir desde abajo, con humildad, con decenas de organizaciones mucho más pequeñas que la tuya, pero capaces de sumar, entre todas, mucho pueblo organizado.

El siguiente paso puede ser una huelga general política, y esto es inimaginable sin el apoyo de los sindicatos de clase. El siguiente paso es confrontar abiertamente con la otra salida: la de la ultraderecha emergente y cada vez más envalentonada, como estamos viendo en Francia. Y ahí vamos a hacer falta todos. Sindicatos incluidos.