26 de octubre de 2017

La Diputación de Granada promueve las pseudociencias

El día 2 de noviembre, estaré en la conferencia del profesor Mulet Salort sobre las pseudociencias. Forma parte del ciclo que organiza Granada Laica sobre "Conocimiento, Racionalidad y Laicismo" Una aportación más que necesaria en una sociedad que deriva hacia el comportamiento irracional, el pensamiento mágico y la política más guiada por las emociones y las identidades que por los proyectos políticos basados en un relato racional sobre la realidad y las alternativas posibles.
Este ciclo de conferencias tiene el apoyo de la Universidad de Granada a través del seminario Galileo Galilei. Bien por la UGR que hace así buen uso de las instalaciones pagadas por todos con el dinero público. Galileo, que sufrió en carne propia las consecuencias de defender la razón frente al pensamiento mágico - idealista - religioso - supersticioso de su época, habría estado orgulloso.


Mientras tanto, estos pasados días de octubre, se han desarrollado en Motril unas jornadas de "misterio" en la Costa Tropical. El único misterio, a mi entender, es cómo es posible que dos instituciones democráticas como la Diputación de Granada y el Ayuntamiento de Motril, dedican dinero público a promocionar el pensamiento mágico, la superstición y las pseudociencias.

Alguno pretenderá decir que esta es una actividad lúdica y de ocio que tiene que ver más con la fantasía que con la superstición. Falso. La entidad organizadora "MASIP" hace alarde de la divulgación pseudocientífica de la comunicación con los espíritus, de la ufología, la investigación sobre hombres lobo, la influencia de los extraterrestres en la historia, etc. A la par, una de las principales organizaciones invitadas, HEPTA, se presenta a sí misma como "un equipo formado por profesionales de distintas disciplinas que se dedica a la investigación de campo del fenómeno paranormal" Bajo una estética profesional no son más que otro grupo de defensores de la madre de todas las pseudociencias: la parapsicología, que no es más que una estafa. Jamás ha conseguido ningún "parapsicólogo" superar un test científico que demuestre los supuestos fenómenos que investigan. Pero ello no es obstáculo para que estos charlatanes se lucren dando conferencias, vendiendo libros o interviniendo en medios de comunicación.

A través de estas actividades se les está dando apoyo, financiación tribuna y credibilidad a las más atrasadas formas de superstición en nuestra sociedad, a la par que se destruye el marco de pensamiento racional. Al conocimiento objetivo. Se debilita el edificio colectivo, construido por siglos de esfuerzo y decenas de miles de personas, de la ciencia. Todo con la  con la malversada excusa de que "todos los puntos de vista son válidos", "todo es relativo" o "nadie tiene la verdad absoluta".

No. Esto no es libertad de expresión. No con dinero público. La Constitución establece en el artículo 44 que "Los poderes públicos promoverán la ciencia y la investigación científica y técnica en beneficio del interés general.Cuando se emplea el dinero de mis impuestos en promocionar las pseudociencias, se está malversando. A alguien habrá que exigirle responsabilidades.

Es una grave irresponsabilidad política en los tiempos que corren corroer el edificio de la racionalidad científica. Lo es porque la española es una sociedad atrasada desde el punto de vista científico que no se puede permitir esos lujos. Pero lo es también porque en el reino del "todo vale" entran también soportes pseudocientíficos a cuestiones mucho más sensibles y peligrosas que el que algún ignorante pueda creer en los OVNIS o los fantasmas: desde cuestionar las vacunas (que pone en peligro la salud de todos) a defender teorías sobre el supremacismo racial o de género. Cuando todo vale, nada vale y se impone el más fuerte. Por eso siempre ha sido la izquierda la defensora de la razón y la derecha tan tolerante (o algo peor) con la superstición, lo irracional y lo mágico.

Resulta llamativo que las administraciones públicas se dediquen a promover el pensamiento mágico mientras la sociedad civil, gracias al elogiable esfuerzo de Granada Laica, hace todo lo contrario. Una vez más, la sociedad demuestra estar muy por delante de sus gobernantes.

15 de octubre de 2017

La Mina, realismo socialista. Una lectura obligada


"Lo hombres se vuelven para mirar al capataz., Sus caras están llenas de odio y desesperación. Algo irremediable se lee en sus ojos, en la protesta de sus manos que se agitan nerviosamente. Porque ahora no se trata de algo sin importancia, se trata de respirar"

Acabo de terminar "La Mina" de Armando López Salinas. El retrato trágico de la clase campesina y obrera de la España del "milagro" económico franquista de los años 50. Esta novela corta, que debería ser lectura obligada en cualquier instituto de secundaria andaluz, es casi una desconocida. Sin embargo, describe con gran lucidez fenómenos como la desigual propiedad de la tierra en Andalucía y sus consecuencias sociales, el drama de la emigración interior y la forma de vida de la clase obrera emigrada. Elementos que deberían conocer las generaciones que hoy, de nuevo, se ven forzadas a la emigración, aunque bajo condiciones mucho menos inhumanas.

No he podido leerla en mejor momento: justo después de estudiar la historia económica de  la España contemporánea. Lo que nos dicen los libros de texto: que la acumulación de capital en la España de posguerra se hizo a través de una explotación implacable de la clase que había perdido esa guerra, gracias, precisamente, al régimen impuesto por quienes la ganaron, lo refleja a la perfección el relato. No se trata ya de conceptos abstractos, sino del retrato personal del sacrificio de una generación entera que vivió en su propio país como en un gigantesco campo de trabajos forzados peninsular.

Pero sobre todo, este libro, a través de una cuidadosísima edición de AKAL (Aquí tenéis enlace a la web), permite al menos dos lecturas más: una, a través del estudio preliminar de David Becerra Mayor, que nos ofrece todo el contexto literario, económico, político y social de la novela. Desde las decisiones de política económica hasta el análisis sociológico del fenómeno migratorio de la posguerra, pasando por la propia situación del Partido Comunista en la época, del cual Armando López Salinas fue un destacado dirigente. La otra lectura, la hacemos a través de los 24 fragmentos censurados en su día por la dictadura para permitir la publicación de la novela. El preciso criterio con el que son cuidadosamente eliminadas del texto las referencias a la complicidad de la Iglesia, la prensa o el propio gobierno con los abusos del capital, así como cualquier referencia a la idea de agruparse los trabajadores es impresionante y nos ofrece un testimonio de primera mano de lo que suponía la opresión ideológica franquista.

Esta es una novela de auténtico realismo socialista (como gustaba denominarse al propio autor y no meramente social) que a través de alguno de los párrafos censurados, muestra explícitamente lo que es la plusvalía, las contradicciones de clase y las dificultades de la lucha obrera. Pese a ello, logró ser finalista del premio Nadal en 1959, lo que nos da una idea de su calidad literaria. Hoy, 60 años después de su publicación, sigue vigente y sigue conmoviendo con una prosa poética que no deja impasible y habla de las aspiraciones más básicas del ser humano: dignidad, identidad, paz, sentido... siempre con el telón de fondo de la lucha de clases reprimida "Se habían callado las perforadoras, y el silencio, como la ventosa de un pulpo, absorbía hasta el respirar de los hombres y de las máquinas. Era un silencio mineral, profundo, un silencio de siglos."

No se que más decir para convenceros de que la leáis. Yo le estoy muy agradecido a quien me insistió para que lo hiciera... espero vuestros comentarios.


2 de octubre de 2017

Del No-Referéndum catalán a la Asamblea Constituyente

Ayer en Cataluña tuvieron lugar dos importantes actos políticos. El primero, la demostración de fuerza de un pueblo catalán organizado y movilizado que ocupó y defendió colegios desde dos días antes, resistió el uso de la fuerza con ejemplar serenidad y celebró, bien que mal, una votación en la que se trasladaba el millonario respaldo a la propuesta independentista. El segundo, el del gobierno de España, que decidió hacer su propia demostración de fuerza con miles de policías y guardias civiles desplegados cerrando colegios, incautando urnas, sacando a la gente a rastras de los colegios y causando lesiones a más de 800 ciudadanos que realizaban un acto de desobediencia civil no violenta.

El referéndum de ayer en Cataluña no tiene validez jurídica, pues no hay marco constitucional ni legal que lo ampare. Tampoco tiene validez democrática pues el gobierno español se ha ocupado de hacer imposible cualquier garantía en el proceso (bloqueo de internet, cierre de colegios, etc.). Pero es que, además, una fracción muy significativa de población catalana, por estar en contra de la validez y de la propia celebración del referéndum, se ha negado a participar en él, distorsionándose así cualquier valor representativo de la votación. Lo que sí que tiene es un innegable valor político.

Todo esto es tan evidente, que el gobierno de España se podría haber limitado a explicar esto y negar todo reconocimiento legal al acto político de ayer. La mayoría de los gobiernos europeos lo habría respaldado. Pero no. Decidieron dar un espectáculo de represión policial y violación de derechos humanos sin precedentes en España... pero además un espectáculo estéril, pues al menos en tres de cada cuatro colegios, la ciudadanía acabó votando con normalidad. Entonces ¿Para qué los heridos? ¿Para qué las cargas? ¿Cuál era el objetivo de las intervenciones? ¿Por qué en unos colegios sí y en otros no? El gobierno sabía que es imposible ponerle puertas al campo de millones de personas organizadas. Entonces ¿Para qué la ineficaz intervención?

No son preguntas puramente retóricas. El hecho de que no haya una respuesta razonable a estas cuestiones, desvela que la motivación última de las actuaciones policiales era otra. En política el absurdo no existe. Las imágenes que han recorrido el mundo y que a todos los españoles de bien nos avergüenzan, son precisamente el objetivo que buscaba Rajoy. Dar una imagen de fortaleza y contundencia ante su electorado, el más radicalizado, el del "a por ellos" a quien preocupa menos que Cataluña se independice o no comparado con que el gobierno de España ponga en duda el carácter sagrado de la unidad nacional. Rajoy ya ha dado la espalda a la cuestión catalana y sólo se preocupa de la lectura interna de cara a su electorado, pensando en las elecciones de 2018 o 2019. Ese es el grado de irresponsabilidad de quien nos gobierna. Los radicales del españolismo entendido como pensamiento mágico-mítico, aún heredero de la España nacionalcatólica, estarán satisfechos de su presidente ejerciendo de guerrero del antifaz. Pero el resto estamos muertos de vergüenza y sentimos hoy, sobre todo, solidaridad y empatía por el pueblo catalán.

Por supuesto, todo esto se hubiera evitado con un referéndum pactado que preguntase honestamente a la población catalana. Eso sí, con las condiciones de la independencia bien claras. En lo que respecta al problemón del pago de la alarmante deuda, a la pérdida de la condición de miembros de la UE, la exposición a los mercados financieros globales, las condiciones de uso o peaje de las instalaciones del estado español (puertos, aeropuertos, etc.), las relaciones comerciales en las futuras fronteras o la situación fiscal en caso de posible permanencia (o no) de filiales de las empresas catalanas en el resto del territorio español, por decir algunas cosas.

Hoy por hoy, y debido al pensamiento miope y egoísta de la estrategia de partido del PP, los pocos puentes afectivo-identitarios que quedan entre España y Cataluña los está volando Rajoy a ritmo meteórico. Por supuesto que, del otro lado, la burguesía catalana está aportando lo suyo. Pero con eso ya contábamos. El caso es que por el camino de una separación traumática de España y Cataluña, todos tenemos mucho que perder. Especialmente los trabajadores. No digamos ya si se llega a una separación unilateral de facto y no reconocida.

Porque la independencia no es agitar una bandera en un balcón. Es la ruptura del marco jurídico común de las burguesías catalana y castellana (aquí los andaluces pintamos poco, como ya se ocupa de confirmar casi a diario Susana Díaz) Es verdad que para una parte muy significativa de la población son muy importantes los elementos simbólicos (bandera, himno, etc.) Pero en lo material, de lo que se trata es de quién y cómo recauda los impuestos y quién, cómo y en qué prioridades decide gastar lo recaudado, junto con la definición de políticas, fundamentalmente comerciales, que beneficiarán a unos sectores de la población y perjudicarán a otros.

Los contenidos materiales de la reivindicación independentista son los que preocupan a la burguesía catalana, que aspira a conseguir mejores cotas de competitividad internacional con menores impuestos y mayor margen para la innovación. Esto se puede pactar y, además, bien planteado, podría hasta aportar elementos positivos de arrastre sobre las economías del resto de comunidades autónomas. Marco para diferencias jurídicas no hay mucho en la UE. Además hay que resolver los elementos simbólicos e identitarios. Hay una salida: la de la República Federal de España, o incluso la Federación de Repúblicas Hispanas (no es lo mismo). Una ocasión para redefinir la política territorial, nuestra democracia y el poder de las oligarquías franquistas que dejó intacto la transición. No basta con una reforma. Sólo un proceso constituyente abierto puede dar respuesta a tantas inquietudes.

A estas alturas la única salida para mantener una relación común estable entre Cataluña y el resto de territorios, pasa por un proceso constituyente en línea federal y, por tanto, republicana... habrá a quien le choque, pero posiblemente, el mayor obstáculo a ese concepto de la "unidad nacional" que tanto preocupa a la derecha, lo constituye, a estas alturas, Felipe VI.