23 de septiembre de 2019

La OCDE... esos rojos peligrosos


La noticia económica de la semana ha sido la alarma lanzada por la economista jefe de la OCDE, Laurence Boone, de que nos dirigimos hacia una nueva recesión de carácter global. Un escenario previsible pero que se puede evitar si los gobiernos actúan con rapidez y ambición.
La primera aludida es Alemania, que ya coquetea con la recesión y que con eficacia germana ya ha anunciado un plan de gasto público extremadamente ambicioso. Nada menos que 40.000 millones de Euros de inversión pública dirigida, además, a poner en marcha la transición ecológica con medidas en transporte, energía, vivienda y modernización de agricultura y ganadería.
La OCDE rebaja el crecimiento mundial al nivel “más débil” desde la crisis financiera



Lo esperable en la OCDE son sus recomendaciones habituales de desregulación, privatización y abaratamiento del despido. La novedad está en la insistencia casi suplicante con la que la señora Boone ha reclamado a todos los gobiernos de los países industrializados que eleven su inversión y gasto público con una política fiscal expansiva que reactive la economía y así frenar el ciclo recesivo: Keynes en estado puro. Muy desesperados tienen que estar.


¿Les parece razonable? A mi mucho. Y además me suena, porque es justamente el eje central del programa con que Izquierda Unida, dentro de Unidas Podemos, concurrió a las pasadas elecciones de abril y concurriremos a estas: cambio del modelo productivo hacia una economía verde, apoyado en una reforma de los impuestos que permita al estado obtener los ingresos para financiar esa transición.

Porque no nos engañemos. En una Europa endeudada hasta la barbilla (España más bien hasta las cejas) la única forma responsable de pagar esas inversiones masivas que pide la OCDE para evitar la crisis será subir los impuestos a los más ricos. Los que se han llenado los bolsillos la década de la crisis, entre otras cosas, con la deuda pública.

Lo que me llama la atención del asunto es que tengan que venir la OCDE y Merkel a abanderar las tímidas políticas keynesianas que en España solo defiende Unidas Podemos y que son justo las que se ha negado a aceptar Pedro Sánchez, al frente de un partido que se llama socialista, para formar un pacto de gobierno. Que anden los barones del PSOE más cerca de pactar con Ciudadanos o el PP y sus recetas de iluminados ultraliberales, capaces de llevar a España al abismo de una recesión para la que ya no quedan balones de oxígeno. Estos siguen soñando con bajar impuestos, abaratar el despido, despedazar servicios públicos y dar la espalda a la emergencia climática. Y todo el que les lleve la contraria es un rojo peligroso (supongo que Merkel y la OCDE también)

Me recuerda la situación a lo que un día decía Julio Anguita a propósito de la derechización en nuestro país, que muy mal tenía que estar España para que defender la constitución y reclamar su cumplimiento en materia de democracia, derechos fundamentales o derechos económicos, tal y como lo hacía Izquierda Unida, resultara revolucionario. Muy, pero que muy mal tiene que estar la situación política en España para que reclamar la sensatez económica más elemental sea tachado de radicalismo izquierdista.

Ya saben ustedes... el 10N a votar. Esta vez el corazón y la cartera caen del mismo lado: la izquierda sin complejos.