23 de mayo de 2019

El Túnel Estafa del PP

Granada ya está acostumbrada a los proyectos fantasma de Sebastián Pérez. Cuando era presidente de la Diputación ocupó la portada de IDEAL anunciando que una nueva compañía aérea iba a conectar con varios vuelos semanales Granada con Roma, Berlín, París y Edimburgo... en menos de un mes la compañía había quebrado. Todo era mentira, como la escuela internacional de turismo, que iba a revolucionar el sector y se quedó en mudar de edificio el lugar donde se hacían los cursillos para el turismo rural y que ya no existe.

Sebastián Pérez y Pepe Torres presentando la aerolínea estrellada antes de despegar

El PP promete un túnel de 4 Km y pico que atravesará Granada de Norte a Sur. Aparte de una burrada ambiental, este proyecto es inviable. Ni siquiera el PP cree en él ni tiene intención de llevarlo a cabo. Es un pufo electoral.

El coste de un túnel como el que se está hablando, con 4 Km de longitud y dos niveles de tráfico rodado oscila entre los 100 y los 200 Millones de Euros el kilómetro, pudiendo dispararse el coste hasta los 250 Millones el kilómetro que se gastó el PP en Madrid en los tramos de la calle 30 soterrada, que es lo mismo que quieren hacernos aquí.

Entre 500 y 1.000 millones es lo que cuesta la broma de Sebas con el túnel. Dice que se va a pagar con la concesión de un parking de 1.000 turismos y 250 autobuses. Mentira.

GASTOS:
  • Supongamos que se financia al 3% anual (que ya es barato) y durante 50 años (mejores condiciones que el metro se financia al 4% durante 30 años) Eso supone una "letra" de 19,2 millones de euros anuales para pagar la obra.
  • Más 2 millones anuales en mantenimiento (el túnel de Somport también de 4 carriles y con 8,6 Km. de longitud cuesta 4 millones anuales)
  • Más el personal para atender y vigilar el macroparking (mínimo 2 turnos de 24h): 300.000 €.
  • Total: unos 21,5 M.€. anuales.
  • Más 21% de IVA: 26 M.€. anuales
  • Más 5% beneficio industrial 27.3 M.€. anuales.
  • 27,3 M.€. al año entre 365 días son 74.794 €. diarios de coste.
INGRESOS:
  • Supongamos que las plazas se ocupan al 100% los 365 días del año.
  • Contamos las 250 plazas de bus como 2 de turismo (igual que en el parking de la Alhambra)
  • Serían como 1.500 plazas de turismo a la hora de aportar ingresos.
  • 74.794 €. entre 1.500 plazas son 49,86 € por plaza
CONCLUSIÓN:

Suponiendo el coste más barato previsible para la obra, suponiendo unas condiciones de financiación inmejorables y suponiendo un 100% de ocupación de ese parking, 365 días al año, 24 horas al día... hacen falta sacar 50€ al día por plaza de aparcamiento ¿Conocen algún parking con esa rentabilidad en toda España? No lo hay. No existe.

POR TANTO:
  1. O el proyecto es inviable y no se hará jamás y es otra fantasmada de Sebastián Pérez porque ningún empresario particular se va a meter a arruinarse.
  2. O se hace porque se ponen garantías desde lo público, como hicieron con las autopistas radiales de Madrid, que nunca funcionaron como concesión y que hemos tenido que acabar pagando todos los españoles con nuestros impuestos para garantizar el negocio de los constructores. Es decir, que el proyecto es una amenaza de cargar al Ayuntamiento con una deuda extra que podría acercarse a 500 Millones de Euros.
EN RESUMEN: O Sebastián Pérez y el PP nos mienten o pretenden arruinar la ciudad.

Ahora vas, y los votas.

5 de abril de 2019

Barra libre al ladrillo: dieta basura

La derecha extrema que gobierna Andalucía ha anunciado que piensa hacer lo único que sabe: alimentar burbujas especulativas para dar una falsa sensación de bonanza económica. Eso es lo que significa el silencio administrativo positivo que anuncia Moreno Bonilla para los planes urbanísticos municipales: alimentar un nuevo boom inmobiliario en Andalucía sin valorar ni la necesidad social, ni las consecuencias negativas para el territorio y los servicios públicos, ni el efecto negativo para el conjunto de la economía.
Es mentira que Andalucía necesite más vivienda. Según los últimos datos disponibles, España bate el récord de vivienda desocupada en Europa, con tres millones y medio de viviendas vacías (lo mismo que Italia y Alemania juntas, sumando estas casi el triple de población). Y dentro de España, destaca Andalucía y, sobre todo, Granada, con un 17% de viviendas vacías en el conjunto de la provincia (unas 12.000), siendo la séptima provincia de España con mayor porcentaje de viviendas vacantes.
Que tenemos un problema de vivienda es evidente, dada la escalada de precios de alquiler y las listas de demandantes de vivienda. Pero esto no significa que se necesite más construcción, sino tornar accesible lo ya construido que, en la actualidad daría abasto para un crecimiento de población de la provincia de más de 25.000 personas (más de lo que se espera para los próximos 30 años según las proyecciones demográficas de Andalucía).
Eso sí, siempre habrá interesados en comprar casa en primera línea de playa, con vistas a la sierra, en el límite de un parque natural o junto a la ribera de un río. A precios prohibitivos para el granadino medio. Negocio redondo para el promotor y generación para el futuro de un gasto en equipamientos, transporte o redes de saneamiento que pagaremos entre todos, incluidos quienes no pueden pagar esas viviendas. Ningún gobierno responsable aprobaría un desarrollo urbanístico así... de ahí la utilidad del silencio positivo.
Sobran casas, lo que nos falta a los granadinos es dinero para comprarlas porque nuestra economía genera poco empleo, precario y mal pagado. Cabe preguntarse ¿Se arregla esto reavivando el boom del ladrillo? Y la respuesta es, categóricamente no. No solo no se arregla, sino que se agravará el problema.
La economía española en el siglo XXI se ha caracterizado por una dependencia morbosa del sector inmobiliario, que nos llevó hasta la cota absurda del año 2007, en el que el casi el 70% de toda la formación bruta de capital fijo en España se dedicaba a la construcción. Esto es malo, porque los ladrillos ni se comen ni producen nada que se coma. Pero, además, porque deja muy poca inversión disponible para los sectores que puedan generar riqueza a futuro (industria, producción intelectual, investigación, etc.) Ese mismo año 2007, la formación de capital en productos de propiedad intelectual sólo llegó a un 7% y la industrial al 24%. Si algo bueno ha tenido la crisis, ha sido acercarnos más a la composición europea de nuestra inversión. Actualmente, la construcción ha descendido a un 49%, liberándose capacidad inversora para la industria (35%) y productos de la propiedad intelectual (15%). Ahora nuestra "dieta" es más sana, más intensa en inversión productiva que genera empleo para el futuro.
En Andalucía la evolución ha sido paralela a la de España, pero más atrasada. También hemos recuperado capacidad inversora en los sectores de futuro, pero con menos intensidad que en el conjunto del estado y manteniendo aun una dependencia excesiva de la actividad inmobiliaria. Aun tendríamos que mejorar mucho para acercarnos a una composición de nuestra inversión homologable a la de los territorios más prósperos. Cataluña, por ejemplo, dedica prácticamente el doble que Andalucía a la inversión productiva y la mitad menos a la inmobiliaria. Una realidad que nos marca el camino y a la que quizá deberíamos prestar más atención que a la guerra de banderas.
La construcción es necesaria, pero en su justa medida. Si es excesiva, sólo sirve para engordar el PIB, generando pobreza a largo plazo. La barra libre para el urbanismo que propone la trilateral de la derecha, supone ponernos a los andaluces a dieta estricta de grasas y azúcar: mucha satisfacción a corto plazo y diabetes y enfermedad cardiaca para el futuro. Cuando ya todos los emplazamientos privilegiados estén construidos y privatizados, los empleados de la construcción volverán al paro y allí se encontrarán con sus hijos e hijas, condenados al subdesarrollo por una política oportunista que renunció a invertir en su futuro. Este es el proyecto económico de la derecha para Andalucía.
Que el presidente de la junta apueste en estos momentos por volver a la política temeraria de la especulación inmobiliaria en detrimento del resto de sectores de la economía solo ofrece dos interpretaciones no incompatibles. Ante todo, una confesión de su falta de confianza en nuestra tierra como territorio capaz de un desarrollo económico real. Pero también, como la constatación de su alianza con los sectores más especulativos de la economía española: los de la promoción residencial, que nos condujeron hasta la gran crisis de 2007 y que ya preparan la próxima, con el presidente de Andalucía como colaborador necesario. Ganan los de siempre, cuestión de clase.

19 de febrero de 2019

Cuatro proyectos de especulación disfrazados de desarrollo.

Varios proyectos se ciernen sobre el bien común de la provincia de Granada, al olor de los beneficios de la apropiación de espacios naturales protegidos y con expectativas alentadas por un gobierno andaluz aún más proclive que el anterior a facilitar pelotazos.

Los promotores del teleférico, la ampliación de la estación de esquí, el puerto deportivo en Playa Granada o el cierre del anillo de la circunvalación tienen un lenguaje compartido que habla de crecimiento, puestos de trabajo y desarrollo. Pero sus proyectos comparten también una realidad  oculta de destrucción del patrimonio común, enriquecimiento particular, beneficios millonarios y especulación urbanística. de la que no hablan ellos ni sus amigos políticos ni sus apoyos mediáticos.

Tuve ocasión de ser el interlocutor directo de algún representante de este tipo de iniciativas depredadoras del patrimonio común en mi breve paso por la delegación provincial de fomento.  Los proyectos que presentaban eran impecables, salvo por dos detalles. Uno, el más previsible, la necesidad de una flexibilidad excepcional respecto de la normativa ambiental que regula los espacios naturales protegidos en los que pretenden actuar. El otro, menos evidente, pero de importancia definitiva: que eran proyectos económicamente inviables en sí mismos. 

Los ejemplos más claros son los del puerto deportivo y, desde luego, el del dichoso teleférico. Ninguno de los dos tienen el potencial de generar ingresos suficientes como para recuperar la inversión necesaria, por muchos años de vida que se de a la concesión. Simplemente, no se costean. Requieren inversiones millonarias y sus costes de mantenimiento y operación absorben de largo las cuotas que puedan pagar las personas usuarias. ¿Por qué, entonces, esta insistencia? ¿Querría un empresario meterse en un negocio que es ruina segura?

Un empresario no. Un especulador sí. Porque estos proyectos no son otra cosa que la tapadera para justificar urbanizaciones de lujo en enclaves privilegiados: primera línea de playa en Motril, las faldas de Sierra Nevada en pleno Parque Natural y a pié de teleférico o las laderas del Darro con vistas a la Alhambra en el caso del cierre del anillo. De repente entonces, un metro de suelo que pasa de monte en mitad de ningún sitio a rincón urbanizado para mesita de café con vistas, multiplica su valor por mil en una semana. Ahí está el negocio. Un teleférico como servicio público que eliminara miles de coches contaminando Sierra Nevada, es un proyecto sobre el que se puede debatir. Pero no es eso de lo que estamos hablando.

No es una hipótesis ni el resultado de una teoría de la conspiración. Les estoy contando mis conversaciones con los promotores de estos proyectos, que me explicaron que la construcción residencial en estos parajes privilegiados era imprescindible para que salieran las cuentas. Evidentemente. Y tan imprescindibles. Como que son en realidad el objetivo último y primero de la iniciativa. La situación me recuerda a un cuento que me contaba mi madre sobre dos frailes adictos al tabaco. Uno de ellos, pidió al abad permiso para fumar mientras rezaba y el abad, lógicamente, se lo prohibió, mientras que el otro, más pillo, pidió permiso para rezar mientras fumaba y lo obtuvo sin problema. Y así estaban, los dos de rodillas en sus rezos, uno fumando y contento y el otro con cara de tonto.

Cara de tontos es la que creen que tenemos los granadinos, cuando intentan convencernos de las bondades de infraestructuras con urbanizaciones complementarias, que son sino pelotazos urbanísticos en espacios privilegiados. Para intentar que "cuelen" los encubren con infraestructuras inviables, pretendiendo que nos precipitemos tras ellas como el burro tras la zanahoria del desarrollo.

La importancia de proteger nuestros espacios naturales es, ante todo, de carácter ambiental. Cada metro cuadrado de destrucción de espacios naturales es un golpe a la salubridad del aire que respiramos y el agua que bebemos y cada paso atrás en pérdida de biodiversidad es un clavo en el ataúd de nuestra especie. Pero es también una cuestión de justicia social. Esos espacios que se pretenden privatizar y urbanizar son ahora espacios comunes. Terrenos y paisajes que cualquiera de nosotros puede recorrer y disfrutar. El día que los especuladores triunfen, tendrán dueño particular y los habremos perdido para siempre. Seremos un poco más pobres. Cuestión de clase.